¡Cuida la piel de tu bebé y tu niño!
Aprende cómo hacerlo desde el nacimiento y a través de la infancia, con datos prácticos y científicos para entender la importancia de estos cuidados y mejorar la salud de tu hijo.
Conocer bien los cuidados de la piel de bebés y niños y aplicarlos en la vida diaria. El recién nacido viene estéril, cálido, húmedo y seguro desde el útero, y llega a un ambiente frío, seco y bacteriano. Durante el embarazo se ha completado la formación grande de órganos y sistemas para su nacimiento, pero estos, cuando el bebé nace, aún se encuentran en un proceso de maduración y adaptación que se extenderá a los primeros meses de vida.
La piel es un órgano y un sistema muy importante para los seres humanos. Nos protege de agentes externos que pueden ingresar al interior del organismo y de los cambios de temperatura, actúa como barrera para evitar la pérdida de agua y la invasión de gérmenes, también bloquea los rayos solares. Así entonces, podríamos decir que la piel es nuestra armadura. Por ello, debemos identificar qué cuidados requiere a través de la infancia, desde el nacimiento.
La piel comprende tres capas, desde la externa hasta la interna se llaman epidermis, dermis y subcutis. La epidermis, como la capa más externa que vemos y tocamos, nos protege contra toxinas, bacterias y pérdida de líquidos. El bebé prematuro tiene una epidermis más delgada y una de sus subcapas es poco desarrollada al nacimiento, aún no es completa; estas características hacen que su piel no pueda ejercer adecuadamente la función protectora, que sea más vulnerable a las agresiones externas y que se deshidrate con mayor facilidad.
Un factor importante es la relación entre el área del cuerpo y el peso, la cual es mayor en la infancia que en la adultez, por lo que aumenta el riesgo de absorción en la piel. Además, algunas estructuras no alcanzan la madurez sino hasta que la persona llega a la adolescencia. Así sucede con ciertas glándulas sebáceas, pues su producción de sebo, sustancia con la que se genera una hidratación propia y otra barrera adicional de protección, empieza a incrementarse en las niñas hacia los seis años y en los niños hacia los siete años. Por lo tanto, la piel de los más pequeños es más delicada, frágil y sensible que la de los adultos.
Dentro de las características de la piel del recién nacido se encuentra un color rojizo profundo o púrpura en las manos, y morado en los pies. Hacia el segundo o tercer día de vida, la piel se aclara un poco y puede volverse seca y escamosa, hay mayor reactividad en los vasos sanguíneos cutáneos y esto significa que se enrojece o palidece fácilmente: cuando el bebé llora, tiende a ponerse roja y los labios, las manos y los pies pueden ponerse morados; esto último también ocurre cuando el bebé tiene frío. El tipo de piel del recién nacido varía dependiendo de la duración del embarazo. Los niños prematuros tienen la piel delgada y transparente, mientras los bebés a término (que cumplen sus semanas de maduración en el embarazo, de 37 a 40 semanas de edad gestacional) nacen con una
piel más gruesa.
Otras características de la piel de bebés y niños que requieren extremar los cuidados son:
- Una de las subcapas de la piel llamada córnea es más delgada, por lo que las
probabilidades de erosión, infección o quemadura solar son mayores que las del adulto. - La piel posee pocas bacterias cutáneas protectoras.
- Hay mayor sequedad cutánea por escasa secreción sebácea (como lo habíamos
mencionado antes). - El espesor de la piel infantil es solo una quinta parte de la de una persona adulta, así que
es más delgada y con menos vello; por ello es más frágil y tiene mayor permeabilidad, de
modo que resulta más susceptible a infecciones, irritaciones, traumatismos y pérdida de
agua.
Las características de la piel van cambiando en las distintas etapas del desarrollo infantil. En el lactante, el tejido subcutáneo va ganando espesor porque aumentan los depósitos de grasa, lo que confiere al bebé el aspecto redondeado de sus formas. En el niño mayor la piel sigue siendo lisa y sonrosada, pero disminuye el tejido subcutáneo (también llamado adiposo) y el aspecto del pequeño se hace más alargado; adicionalmente, la capacidad de regeneración de la piel de los niños es superior a la de los adultos. Condiciones que afectan la piel de los niños
Los niños pequeños a menudo tienen manchas y erupciones de varios tipos que pueden ser causadas por factores ambientales como frío, calor, sol, infecciones por virus, bacterias y hongos. También pueden presentarse debido a alimentos y manifestación de alergias, o por condiciones genéticas y psicológicas, enfermedades de otros órganos, etcétera.
Hay que tener especial cuidado al aplicar agentes tópicos como cremas, lociones, jabones y medicamentos sobre la piel de nuestros bebés e infantes: debemos asegurarnos de que contengan características comprobadas científicamente, tales como suavidad, no ocasionar molestias para sus ojos, haber sido formulados con controles estrictos de toxicidad para evitar la irritación y la fotosensibilidad, y que sean adecuados para su absorción.
Cualquier jabón tiende a retirar la capa de lípidos o grasas de la piel, por lo que es conveniente no usarlos en gran cantidad. Un baño diario rápido evita la resecación excesiva de la piel y al terminarlo es adecuado usar una hidratante que contenga las características rigurosas descritas anteriormente, aplicándola mientras el bebé tiene aún la piel húmeda, para mejorar la penetración del producto y la hidratación.
Dra. María Alejandra Montaña
Pediatra integrativa – Biorreguladora
Máster en lactancia materna
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