¿Por qué algunos niños hacen todo “corriendo”? Una mirada más profunda y compasiva
Muchas familias reconocen esta escena: su hijo parece escapar de una tarea. Le piden ordenar el cuarto, terminar la tarea o cepillarse bien los dientes… y, en segundos, escuchan un orgulloso: “¡Ya terminé!”
Por un momento quieren creerlo. Pero al revisar, aparecen los clásicos detalles: juguetes escondidos bajo la cama, tareas hechas a la carrera, crema dental por todas partes menos en los dientes.
Entonces surge la pregunta: “¿Por qué no puede hacerlo bien desde la primera vez? ¿Por qué siempre tiene que hacerlo tan rápido?”
Según el autor y coach parental Marko Juhant, la respuesta suele sorprender: los niños que se apresuran no buscan engañar… buscan huir del malestar.
- No es pereza.
- No es desafío.
- No es falta de interés.
Para muchos niños, quedarse demasiado tiempo en una tarea se siente incómodo: aburrido, tedioso o incluso emocionalmente abrumador, aunque todavía no sepan ponerlo en palabras. Permanecer en la tarea los hace sentir más expuestos al error, a la corrección o a emociones difíciles. Por eso se mueven rápido: no para terminar, sino para escapar.
En nuestras consultas con especialistas —incluido Dr. Manuel, quien acompaña diariamente a familias en temas de desarrollo, conducta y crianza— este patrón aparece con frecuencia. Y detrás del cansancio de los adultos suele haber una preocupación silenciosa:
“¿Estoy haciendo algo mal?” Pero cuando se escucha a los niños, aparece algo valioso: quedarse en una tarea puede sentirse como estar bajo un reflector.
Los errores se amplifican. Las dudas crecen. Y la prisa se convierte en protección.
¿Qué ayuda realmente?
1. Contención Lo primero no es corregir, es acompañar. Para un niño, “limpia tu cuarto” puede sentirse como un reto imposible. Pero cuando un adulto los guía por pasos concretos o se queda a su lado por unos minutos, su cuerpo se relaja. La tarea deja de ser una prueba y se convierte en compañía.
2. Hacer la tarea visible :Juhant explica que los niños aceleran cuando la tarea solo existe en su mente.
Pero si se vuelve tangible —ropa sobre la cama, cepillo listo, juguetes señalados— la atención se ancla.
Lo abstracto se vuelve manejable.
3. Reconocer lo que hacen bien: Cuando los niños solo escuchan correcciones, aprenden que lo importante es terminar rápido para evitar la crítica.
Notar incluso un pequeño momento de calma — “Vi que te tomaste tu tiempo en ese rincón” — puede transformar su relación con la tarea más que cualquier sermón.
El objetivo no es que nunca se apresuren
Incluso los adultos lo hacemos. El objetivo es enseñarles que no hay peligro en ir despacio.
- Que su valor no depende de la velocidad.
- Que no necesitan huir de la mirada adulta ni de su propio error.
- Que su proceso importa tanto como el resultado.
Cuando un niño se siente seguro, pasa algo hermoso:
- Respira.
- Se toma un segundo más.
- Observa lo que hizo sin miedo.
- Permanece presente.
Ese es el verdadero avance, no un cuarto perfecto ni una tarea impecable. El avance está en cuando un niño se permite quedarse un poco más, porque quedarse ya no se siente como fracaso.
Las familias lo están haciendo mejor de lo que creen.
Y los niños están aprendiendo más de lo que se ve a simple vista.
Calificación!
Promedio de puntuación / 5. Recuento de votos:





