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No puedes obligar a tu hijo a ser mas responsable , pero sí crear las condiciones para que lo sea

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No puedes obligar a tu hijo a ser mas responsable, pero sí puedes crear las condiciones para que lo sea

En muchas casas hay una sensación que se repite:  alguien está haciendo demasiado esfuerzo… y alguien casi no está participando.

Generalmente, ese “alguien” es el adulto.  Es quien intenta resolver conflictos, proponer conversaciones, mantener la calma, encontrar las palabras correctas, hacer seguimiento, revisar tareas, poner límites y sostener la relación.  Mientras tanto, el adolescente parece desconectado.

Mirando hacia atrás, muchos padres podrían identificar decenas de momentos en los que pusieron el 90% del esfuerzo emocional, mientras que su hijo aportó muy poco.

  • Esto no solo cansa.  También desgasta.

Y, como explica Daniel Wong, especialista en motivación y desarrollo adolescente, no es que los padres estén haciendo algo mal. El problema es que, sin darse cuenta, pueden estar haciendo exactamente lo que impide que el adolescente cambie.

Cuando “hacer más” no es la solución

Cuando los padres se preocupan por la motivación, la actitud o el comportamiento de sus adolescentes, suelen recibir consejos muy parecidos:

  • “Pon límites más claros.”
  • “Sé más consistente con las consecuencias.”
  • “Controla más el celular.”
  • “Revisa la tarea todos los días.”

Aunque estas recomendaciones tienen algo de sentido, muchas veces no funcionan. No porque los límites sean negativos —la estructura es importante— sino porque el exceso de control puede impedir que el adolescente aprenda a autorregularse.

Daniel Wong lo explica con claridad: cuanto más se esfuerza el adulto por gestionar al adolescente, menos aprende el adolescente a gestionarse a sí mismo.

El riesgo de sobre-funcionar como padre o madre

Cuando el adulto hace todo el trabajo emocional —dirige la conversación, anticipa necesidades, se mantiene regulado mientras el adolescente se cierra— se transmite un mensaje silencioso pero poderoso:

👉 “Los problemas se resuelven cuando yo me hago cargo.”

Así se crea un patrón muy claro:

  • El esfuerzo del adulto aumenta
  • La implicación del adolescente disminuye

No porque el adolescente sea flojo o desafiante, sino porque su participación se vuelve opcional. Cuanto más se le persigue, más se retira.
Cuanto más se le gestiona, menos responsabilidad asume.

La investigación respalda este desgaste. Un estudio publicado en el Journal of Pediatric Health Care mostró que el 65% de los padres que trabajan se sienten agotados, y una de las causas principales es esta sobrecarga emocional constante.

Sobreproteger también impide crecer

El cansancio no es el único problema.  Cuando el adulto sobre-funciona, el adolescente no desarrolla resiliencia. No aprende a manejar conflictos, emociones ni decisiones, porque alguien más siempre lo hace por él.

En palabras simples: Cuando el adulto sobre-funciona, el adolescente sub-funciona.

Lo que sí está en manos de los padres

No se puede obligar a un adolescente a involucrarse, a cambiar de actitud o a asumir responsabilidad.
Lo que sí se puede hacer es crear las condiciones para que elija hacerlo.

Y eso requiere algo que al principio resulta incómodo:
dejar de hacerlo todo.

No significa abandonar la relación ni rendirse.
Significa pasar de hacer el 90% del trabajo a enfocarse en ese 20% de acciones que realmente invitan a la participación.

Pequeños cambios que transforman la dinámica

En lugar de sobre-funcionar, el enfoque cambia:

  • Preguntar en vez de ordenar : “¿Qué crees que podría ayudar?” en lugar de “Esto es lo que tienes que hacer”.
  • Pausar en vez de llenar el silencio : Permitir momentos de silencio para que el adolescente sea quien hable primero.
  • Hacer espacio en vez de controlar : Dar un paso atrás para que el otro pueda dar un paso adelante.
  • Invitar en vez de imponer : “Cuando estés listo, ¿podemos hablar de esto?” en lugar de “Tenemos que hablar ahora”.

No son gestos grandes ni dramáticos.  Son cambios sutiles, pero profundos.

Menos persecución, más corresponsabilidad

Cuando el adulto deja de hacer las cosas por el adolescente, empieza a crear espacio para hacerlas con él.  Se rompe el patrón.
Y cuando el adulto deja de perseguir, muchas veces el adolescente deja de huir.

Su participación deja de ser opcional y empieza a sentirse necesaria y valorada.  No porque alguien lo obligó, sino porque el entorno finalmente lo permite.

A veces, “dar un paso atrás” no funciona porque solo se suelta… sin cambiar la dinámica.  La clave no es desaparecer, sino estar de una forma distinta.

  • Menos control.
  • Más invitación.
  • Menos desgaste.
  • Más aprendizaje.

Criar adolescentes no es cargar con todo,  sino aprender a soltar lo suficiente para que ellos puedan crecer.

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