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Trastornos alimentarios en niños y adolescentes: señales de alerta y cuándo consultar

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Trastornos alimenticios en niños y adolescentes: señales de alerta y cómo acompañar

Los trastornos de la conducta alimentaria pueden aparecer antes de lo que muchas familias imaginan. Aunque durante años se pensó que eran más frecuentes al final de la adolescencia, hoy se sabe que pueden iniciar desde edades más tempranas, incluso en la niñez.

En este artículo, basado en el episodio “Trastornos alimenticios en niños” del podcast Cuida tu Salud de la Fundación Santa Fe de Bogotá, la doctora Ailín Carías, gastroenteróloga pediatra y presidenta del Colegio de Gastroenterología Pediátrica de Colombia, y el doctor José Vera, jefe de gastroenterología y soporte nutricional pediátrico de la Fundación Santa Fe de Bogotá, explican qué son estos trastornos, qué señales pueden alertar a los padres y por qué el acompañamiento familiar es fundamental.

¿Qué son los trastornos de la conducta alimentaria?

Los trastornos de la conducta alimentaria son condiciones que afectan la relación de una persona con la comida, el cuerpo, el peso, la alimentación y, muchas veces, con sus emociones.

Entre los más conocidos están la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracones. Sin embargo, también existen conductas de riesgo o trastornos no clasificados que pueden pasar desapercibidos, especialmente al comienzo.

Una característica importante es la pérdida de control: la alimentación deja de ser un acto natural de cuidado y empieza a estar marcada por miedo, angustia, restricción, culpa, obsesión o conductas que afectan la salud.

¿A qué edad pueden aparecer?

Aunque antes se pensaba que estos trastornos aparecían principalmente entre los 16 y 18 años, actualmente se sabe que pueden iniciar mucho antes.

En el podcast se menciona que pueden observarse conductas de riesgo desde los 8 años, y que cada vez se identifican más casos en preadolescentes, especialmente alrededor de los 12 años.

Por eso, el diagnóstico temprano y el acompañamiento oportuno son claves.

¿Qué factores influyen?

Los trastornos alimentarios son multifactoriales. No aparecen por una sola causa.

Pueden influir factores emocionales, familiares, sociales, culturales, escolares, médicos y digitales. También tiene un papel importante la presión sobre el cuerpo, la comparación, los comentarios sobre la apariencia y la exposición constante a imágenes o ideales corporales poco realistas.

Las redes sociales pueden aumentar esta presión, especialmente cuando muestran cuerpos, rutinas o hábitos que los niños y adolescentes interpretan como modelos a seguir.

También influyen los comentarios de padres, profesores, amigos o incluso profesionales de salud sobre el peso, la forma del cuerpo o la comida. A veces una frase aparentemente pequeña puede quedarse marcada.

¿Las dietas restrictivas de los adultos pueden influir?

Sí. Los niños aprenden observando.

Cuando los adultos cercanos viven en dietas restrictivas, eliminan grupos completos de alimentos, hacen ayunos prolongados o hablan constantemente de peso, calorías o culpa al comer, los niños pueden empezar a imitar esas conductas.

Esto no significa culpar a los padres, sino tomar conciencia de que la relación de la familia con la comida y el cuerpo también educa.

La recomendación del podcast es clara: en niños y adolescentes, la alimentación saludable no debe basarse en restricciones extremas, sino en una alimentación suficiente, variada y equilibrada.

¿Cuáles son las señales de alarma?

Algunas señales pueden indicar que algo está cambiando en la relación del niño o adolescente con la comida o con su cuerpo.

Puede llamar la atención si:

  • Empieza a evitar comer con la familia.
  • Quiere comer solo con frecuencia.
  • Restringe grupos completos de alimentos sin una razón médica.
  • Cambia de forma abrupta su manera de alimentarse.
  • Se muestra muy rígido con lo que puede o no puede comer.
  • Evita comidas que antes disfrutaba.
  • Se preocupa de forma excesiva por su cuerpo, peso o apariencia.
  • Cambia la forma de vestir para ocultar o mostrar cambios corporales.
  • Se muestra ansioso, irritable o culpable alrededor de la comida.
  • Aumenta de manera excesiva el ejercicio o se angustia si no puede hacerlo.
  • Usa aplicaciones o herramientas para controlar de forma obsesiva lo que come o gasta.
  • Presenta debilidad, mareos, desmayos o cambios físicos que preocupan.
  • Deja de comer en el colegio o evita ciertos momentos de alimentación.

Lo importante no es vigilar desde el miedo, sino observar con atención, conversar y pedir ayuda si hay dudas.

¿Qué pasa si mi hijo quiere ser vegetariano o cambiar su alimentación?

Que un adolescente quiera ser vegetariano puede ser una decisión respetable. Puede estar motivada por razones éticas, ambientales o personales.

Pero también puede convertirse en una señal de alerta si el cambio aparece de forma abrupta, si se usa como excusa para dejar de comer, si hay pérdida de peso, cansancio, restricción cada vez mayor o deterioro de la salud.

En estos casos, la recomendación es acompañar sin juzgar y consultar al pediatra para asegurar que el niño o adolescente mantenga un estado nutricional adecuado.

La pregunta no debe ser solo “¿qué dejaste de comer?”, sino “¿por qué quieres hacerlo?” y “¿cómo podemos acompañarte de forma saludable?”.

¿Una mala alimentación es lo mismo que un trastorno alimentario?

No necesariamente.

Preferir alimentos ultraprocesados, dulces, paquetes o comidas poco nutritivas puede ser un mal hábito alimentario, pero no siempre constituye un trastorno de la conducta alimentaria.

Sin embargo, también es importante promover una alimentación adecuada, variada y suficiente, con baja presencia de ultraprocesados, colorantes y exceso de azúcar.

El equilibrio es fundamental. Una alimentación saludable no debe convertirse en miedo a la comida ni en rigidez extrema.

¿Cómo pueden los padres darse cuenta si no pasan mucho tiempo con sus hijos?

Más que la cantidad de tiempo, importa la calidad del tiempo.

Los especialistas recomiendan buscar momentos reales de conexión: comer juntos cuando sea posible, conversar sin pantallas, preguntar cómo estuvo el día, observar cambios en la ropa, en el ánimo, en la forma de comer y en las relaciones con amigos.

Una comida familiar al día, cuando se puede, puede ser una oportunidad valiosa para observar, conversar y acompañar.

También es importante mantener comunicación con el colegio y con los amigos cercanos, porque muchas veces son ellos quienes notan primero que algo cambió.

¿Los adolescentes pueden ocultarlo?

Sí. Al inicio, muchos niños y adolescentes pueden ocultar lo que están viviendo por miedo, vergüenza o temor a ser juzgados.

Por eso es tan importante construir una relación donde sientan que pueden pedir ayuda sin recibir regaños, burlas o castigos.

Cuando un hijo muestra una conducta que preocupa, la primera respuesta no debería ser la confrontación, sino la pregunta y la escucha.

¿Cómo hablar con un hijo si empieza a restringir alimentos?

Si un hijo dice que no quiere volver a comer cierto grupo de alimentos, lo mejor es no pelear ni regañar de entrada.

Una buena primera pregunta es: “¿Por qué?”

Escuchar la razón permite entender si se trata de una preferencia, una decisión ética, una información mal interpretada, presión social o una posible conducta de riesgo.

Si los padres sienten que no pueden manejarlo solos, la primera puerta de entrada suele ser el pediatra. Desde allí se puede orientar la valoración con nutrición, gastroenterología pediátrica, psicología o psiquiatría, según el caso.

¿Se puede prevenir?

No siempre es posible prevenir un trastorno de la conducta alimentaria, porque intervienen muchos factores.

Pero sí se puede educar desde temprano sobre una relación más sana con la comida y el cuerpo.

Algunas formas de acompañar son:

  • Evitar comentarios negativos sobre el cuerpo propio o el de otros.
  • No hablar de alimentos como “buenos” o “malos” de forma rígida.
  • Promover comidas familiares sin pantallas.
  • Enseñar que todos los grupos de alimentos cumplen funciones.
  • Evitar dietas restrictivas en niños sin indicación médica.
  • Escuchar sin juzgar.
  • Hablar con claridad sobre redes sociales, comparación y presión corporal.
  • Pedir ayuda profesional cuando algo preocupa.

¿La tecnología puede ayudar o empeorar?

La tecnología puede tener un doble efecto.

Por un lado, un adolescente puede buscar información porque no sabe cómo pedir ayuda. Eso puede ser una señal de que necesita acompañamiento.

Pero, por otro lado, internet, redes sociales, aplicaciones de conteo o herramientas digitales también pueden reforzar obsesiones, comparaciones o conductas de riesgo.

Por eso, más que prohibir sin conversación, los padres necesitan acompañar lo que sus hijos ven, buscan y consumen en el entorno digital.

¿Cómo se trata un trastorno alimentario?

El tratamiento requiere un equipo profesional.

En el podcast se explica que primero puede ser necesario recuperar el estado nutricional, porque cuando hay desnutrición, el cerebro y el cuerpo no funcionan adecuadamente para sostener otros procesos terapéuticos.

Luego, según el caso, puede requerirse acompañamiento psicológico, psiquiátrico, nutricional, médico y familiar.

No es un proceso que se resuelva solo con fuerza de voluntad. Tampoco se trata solo de “comer más” o “comer mejor”. Es una condición compleja que necesita atención integral.

¿Puede haber recaídas?

Sí. La recuperación puede tener avances y retrocesos.

Por eso el seguimiento es tan importante. Un equipo profesional puede ayudar a detectar señales tempranas de recaída y evitar que el cuadro empeore o que el paciente requiera una intervención más compleja.

La familia también cumple un papel clave en el acompañamiento.

 

En resumen

Los trastornos alimentarios en niños y adolescentes pueden empezar antes de lo que muchas familias imaginan. Cambios abruptos en la alimentación, rigidez excesiva, miedo a ciertos alimentos, preocupación intensa por el cuerpo, ejercicio desmedido, aislamiento en las comidas o señales físicas como debilidad o mareos deben tomarse en serio.

La recomendación principal es no juzgar, no regañar y no esperar a que “se le pase”. Escuchar, preguntar y consultar a tiempo puede hacer una gran diferencia.

Educar y acompañar desde la familia puede ayudar a que los niños y adolescentes construyan una relación más sana con la comida, el cuerpo y su bienestar.

Para as informacion preguntale al Dr Manuel 

Contenido basado en el episodio “Trastornos alimenticios en niños” del podcast Cuida tu Salud de la Fundación Santa Fe de Bogotá, con la participación de la doctora Ailín Carías, gastroenteróloga pediatra y presidenta del Colegio de Gastroenterología Pediátrica de Colombia, y el doctor José Vera, jefe de gastroenterología y soporte nutricional pediátrico de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Artículo adaptado por Mi Manual del Bebé con fines educativos, respetando el contenido original del podcast.

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