Criar no debería ser “improvisar”: la importancia de tener un plan como padres
Criar a un hijo es una de las tareas más hermosas, pero también una de las más retadoras que puede vivir una familia.
Hay días en los que todo parece fluir… y otros en los que una instrucción tan simple como “vamos a vestirnos” termina en una lucha de poder de media hora. Días en los que repetimos cinco, seis o siete veces lo mismo. Momentos en los que un niño pasa de estar jugando feliz a gritar, llorar o cerrar una puerta con rabia en cuestión de segundos.
Y entonces muchos padres se preguntan:
- “¿Qué estoy haciendo mal?”
- “¿Por qué no me escucha?”
- “¿Por qué siento que estoy improvisando todo el tiempo?”
Inspirados en una reflexión del coach de crianza y autor Marko Juhant, vale la pena pensar en algo: cuando una misión es compleja, importante y llena de momentos críticos, nadie debería enfrentarla solo con buenas intenciones.
Lo que nos enseña una misión imposible
La llegada del Apolo 11 a la Luna no fue solamente un logro de valentía o tecnología. Fue, sobre todo, el resultado de años de preparación, entrenamiento y planificación.
Los astronautas no subieron a la nave esperando “hacer lo mejor posible” o “resolver sobre la marcha”. Cada escenario había sido pensado. Cada emergencia tenía un protocolo. Cada decisión crítica había sido ensayada una y otra vez.
Había planes para fallas técnicas, cambios inesperados, emergencias y momentos de alta presión.
¿Por qué? Porque cuando algo es realmente importante, no se deja todo al azar.
Y aunque criar no es una misión espacial, para una mamá o un papá muchas veces sí se siente como una misión enorme: acompañar emociones intensas, poner límites, enseñar hábitos, responder con calma, sostener rutinas, educar sin gritar y amar incluso en los días difíciles.
A los padres se les pide demasiado… con muy poca preparación
A muchos padres se les dice:
- “Lee un libro.”
- “Ten paciencia.”
- “Confía en tu instinto.”
- “Ponle límites.”
- “No lo consientas tanto.”
- “Sé más firme.”
Pero pocas veces se les da algo concreto: un plan claro para saber qué hacer cuando su hijo no escucha, cuando hace una pataleta, cuando desafía una norma o cuando el ambiente en casa se llena de tensión.
Y ahí está el problema: no basta con amar mucho a nuestros hijos. Tampoco basta con querer hacerlo bien.
La crianza necesita amor, sí, pero también necesita herramientas.
No se trata de ser padres perfectos
Tener un plan de crianza no significa controlar cada segundo de la vida de un niño. Tampoco significa volverse rígidos, fríos o exigentes.
Significa tener claridad.
- Saber cómo actuar cuando el niño se desregula.
- Saber qué hacer antes de perder la paciencia.
- Saber cómo poner un límite sin entrar en una pelea.
- Saber cómo acompañar una emoción sin permitir una conducta inadecuada.
- Saber cómo reparar después de un mal momento.
Porque cuando los padres no tienen herramientas, muchas veces terminan reaccionando desde el cansancio, la culpa o la frustración.
Y eso no los convierte en malos padres. Los convierte en padres humanos que necesitan apoyo.
La crianza también necesita estrategia
Así como una misión compleja requiere preparación, la crianza también necesita pequeños sistemas familiares que ayuden a sostener el día a día.
Por ejemplo:
- Tener rutinas claras en la mañana y en la noche.
- Anticipar los momentos difíciles antes de que exploten.
- Usar pocas instrucciones, pero firmes y consistentes.
- Elegir consecuencias lógicas y no castigos impulsivos.
- Practicar la calma antes de exigir calma.
- Repetir menos y conectar más.
Recordar que detrás de muchas conductas difíciles hay cansancio, hambre, frustración, miedo o necesidad de atención.
Cuando los padres tienen una guía, no todo se vuelve fácil, pero sí se vuelve más manejable.
Un niño no necesita padres que lo sepan todo
Nuestros hijos no necesitan padres perfectos. Necesitan adultos presentes, dispuestos a aprender y capaces de ofrecer seguridad incluso en medio del caos.
Tener un plan no significa que nunca habrá pataletas, discusiones o días difíciles. Significa que, cuando esos momentos lleguen, no tendremos que improvisar desde el agotamiento.
La crianza no debería sentirse como caminar a ciegas.
Con información confiable, acompañamiento y herramientas prácticas, los padres pueden sentirse más seguros para tomar decisiones, sostener límites y construir una relación más tranquila y cercana con sus hijos.
Porque criar no es solo “seguir el instinto”.
Criar también es prepararse, aprender y acompañar con intención.
Para mas tips sobre crianza, preguntale al Dr Manuel
Crédito: Este artículo está inspirado en una reflexión de Marko Juhant, coach de crianza y autor, sobre la importancia de no enfrentar los desafíos de la crianza únicamente desde la improvisación, sino con preparación, claridad y herramientas concretas.
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