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Cuidados del bebé en sus primeros 100 días: guía para padres

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Cuidados del bebé en sus primeros 100 días: guía práctica para las familias

Los primeros 100 días de vida de un bebé están llenos de cambios, aprendizajes y preguntas. ¿Cada cuánto debe alimentarse? ¿Cómo debe dormir? ¿Es normal que su piel se vea amarilla? ¿Cuándo debe verlo el pediatra? ¿Cómo se cuida el cordón umbilical?

Aunque cada bebé tiene su propio ritmo, existen cuidados básicos que ayudan a proteger su salud durante estas primeras semanas.

Los primeros 28 días corresponden al periodo neonatal. Después, el bebé continúa atravesando una etapa de adaptación y rápido desarrollo que se extiende durante sus primeros meses. Por eso, los llamados “primeros 100 días” son una forma práctica de hablar de este periodo especialmente sensible.

Los cuidados comienzan desde el nacimiento

El cuidado del recién nacido empieza incluso antes de regresar a casa. Después del parto, el equipo de salud debe revisar que el bebé respire adecuadamente, mantenga una temperatura estable, pueda alimentarse y no presente señales de enfermedad.

La Organización Mundial de la Salud incluye entre los cuidados esenciales del recién nacido:

  • El contacto piel con piel.
  • El inicio temprano de la lactancia.
  • La prevención de infecciones.
  • El cuidado térmico.
  • La evaluación de posibles problemas de salud.
  • La enseñanza a la familia de los signos de alarma.
  • La vacunación y los controles correspondientes.

Antes del alta hospitalaria, los padres también deben recibir información sobre los tamizajes neonatales, las vacunas indicadas según el país, la vitamina K y el seguimiento que necesitará el bebé.

Generalmente, el primer control con el pediatra debe realizarse durante los primeros días después de salir del hospital. En esa consulta se revisan el peso, la alimentación, la hidratación, el color de la piel y los resultados de los exámenes realizados al nacer.

Alimentación durante los primeros meses

La Organización Mundial de la Salud y UNICEF recomiendan iniciar la lactancia materna durante la primera hora después del nacimiento y mantenerla de manera exclusiva durante los primeros seis meses, siempre que las condiciones de la madre y del bebé lo permitan.

Lactancia materna exclusiva significa que el bebé no recibe agua, infusiones, jugos ni otros alimentos. Puede recibir medicamentos, vitaminas o suplementos cuando hayan sido indicados por un profesional de la salud.

La lactancia ofrece nutrientes y anticuerpos y puede ayudar a proteger al bebé frente a algunas infecciones. También favorece el contacto y el vínculo entre la madre y el recién nacido.

Sin embargo, la lactancia puede requerir aprendizaje y acompañamiento. Sentir dolor persistente, tener grietas, presentar una baja producción de leche o experimentar dificultades con el agarre no significa que la madre esté fallando.

Cuando la lactancia no es posible, resulta insuficiente o existe alguna indicación médica, el pediatra debe orientar a la familia sobre la forma de alimentación más adecuada. El bienestar del bebé y de su madre siempre debe ser la prioridad.

¿Cada cuánto debe comer un recién nacido?

La mayoría de los recién nacidos sanos se alimenta a demanda, es decir, cuando muestra señales de hambre.

Durante las primeras semanas, muchos bebés realizan entre ocho y doce tomas en un periodo de 24 horas.

Algunas señales tempranas de hambre son:

  • Llevarse las manos a la boca.
  • Mover la cabeza buscando el pecho.
  • Sacar la lengua o lamerse los labios.
  • Estar inquieto.
  • Hacer movimientos de succión.

El llanto suele ser una señal tardía de hambre.

Durante los primeros días, algunos bebés son muy dormilones y pueden necesitar que sus padres los despierten para alimentarlos. Esto es especialmente importante si nacieron prematuros, presentan ictericia, no han recuperado el peso del nacimiento o el pediatra ha indicado horarios específicos.

Cuando el bebé ya está aumentando de peso adecuadamente, el profesional de salud puede orientar a la familia sobre si es necesario continuar despertándolo durante la noche.

¿Cómo saber si está recibiendo suficiente alimento?

La frecuencia de la orina, las deposiciones, el comportamiento durante las tomas y el aumento de peso ayudan a determinar si el bebé está recibiendo suficiente leche.

Durante la primera semana, el número de pañales mojados suele aumentar progresivamente:

  • Primer día: al menos un pañal mojado.
  • Segundo día: al menos dos.
  • Tercer día: aproximadamente cinco.
  • Desde el cuarto o quinto día: generalmente seis o más pañales mojados al día.

Estas cifras son orientativas. El pediatra debe valorar al bebé si moja pocos pañales, está demasiado somnoliento para comer, no logra prenderse bien al pecho, continúa perdiendo peso después de los primeros días o parece quedar insatisfecho tras las tomas.

Cambios de pañal y deposiciones

El pañal debe cambiarse cuando esté mojado o tenga deposiciones. No es necesario esperar un horario fijo.

Durante los primeros días, las deposiciones cambian de apariencia:

  1. Inicialmente son oscuras, verdes o negras y pegajosas. Se conocen como meconio.
  2. Después adquieren tonos verdes o marrones.
  3. En los bebés alimentados con leche materna suelen volverse amarillas y pueden tener una apariencia granulada.
  4. En los bebés alimentados con fórmula pueden ser más espesas y de tonos marrones o amarillos.

La frecuencia puede variar considerablemente entre bebés. Algunos hacen deposición después de casi cada toma y otros, al crecer, pueden pasar varios días sin evacuar, especialmente si reciben leche materna.

Se debe consultar si las deposiciones contienen sangre, son repetidamente blancas o muy pálidas, o están acompañadas de vómito, distensión abdominal, fiebre o rechazo del alimento.

¿Cómo cuidar el cordón umbilical?

El muñón del cordón umbilical suele secarse y desprenderse durante las primeras semanas.

La recomendación general para bebés nacidos en establecimientos de salud es mantenerlo limpio y seco:

  • Lavarse las manos antes de tocarlo.
  • Doblar el pañal para evitar que lo cubra.
  • Limpiarlo con agua y jabón suave solamente si se ensucia.
  • Secarlo cuidadosamente.
  • No halarlo, aunque parezca que está a punto de caer.

La Organización Mundial de la Salud recomienda el cuidado limpio y seco del cordón. El uso diario de clorhexidina se reserva principalmente para bebés nacidos en casa en lugares con una mortalidad neonatal elevada, de acuerdo con las condiciones y protocolos locales.

Por eso, no se deben aplicar alcohol, antisépticos, aceites, hierbas, talcos ni remedios caseros, salvo que hayan sido indicados expresamente por el pediatra o por el protocolo de la institución donde nació el bebé.

Consulta si alrededor del ombligo aparece:

  • Enrojecimiento que se extiende hacia la piel.
  • Hinchazón o calor.
  • Secreción con pus.
  • Mal olor persistente.
  • Sangrado que no se detiene.
  • Fiebre o decaimiento.

La posición más segura para dormir

Durante el primer año, el bebé debe colocarse boca arriba cada vez que duerme, tanto en la noche como durante las siestas.

Debe dormir sobre una superficie firme, plana y no inclinada, en una cuna, moisés o corral que cumpla con las normas de seguridad.

El espacio para dormir debe estar libre de:

  • Almohadas.
  • Cobijas sueltas.
  • Protectores acolchados.
  • Peluches.
  • Cojines.
  • Nidos, posicionadores o soportes.
  • Objetos blandos.

Dormir boca arriba no aumenta el riesgo de que un bebé sano se ahogue con el vómito, incluso cuando presenta reflujo. Las recomendaciones de sueño seguro disminuyen el riesgo de muerte súbita y de asfixia relacionada con el sueño.

La habitación y el automóvil también deben mantenerse completamente libres del humo de cigarrillos y de vapeadores. La exposición al humo aumenta el riesgo de infecciones respiratorias y de muerte súbita del lactante.

¿Cuántas veces se debe bañar al bebé?

El recién nacido no necesita un baño diario. Durante el primer año, aproximadamente tres baños por semana pueden ser suficientes, siempre que se limpie correctamente la zona del pañal y los pliegues de la piel. Bañarlo con demasiada frecuencia puede resecar su piel.

Mientras el cordón no se haya desprendido y la zona no haya cicatrizado, pueden hacerse baños cortos con esponja.

Durante el baño:

  • Ten todos los elementos preparados antes de comenzar.
  • Usa agua tibia, no caliente.
  • Sostén siempre la cabeza y el cuerpo del bebé.
  • Utiliza jabón suave y sin fragancias solo cuando sea necesario.
  • Sécalo con pequeños toques, especialmente entre los pliegues.
  • Nunca lo dejes solo en el agua, ni siquiera durante unos segundos.

Si debes alejarte, lleva al bebé contigo.

Ictericia: cuando la piel se ve amarilla

La ictericia ocurre cuando aumenta la cantidad de bilirrubina en la sangre. Es frecuente durante los primeros días de vida porque el hígado del recién nacido todavía está madurando.

Aunque muchos casos son leves, la ictericia siempre debe vigilarse. Se debe informar al pediatra si la piel o la parte blanca de los ojos se ven amarillas, especialmente cuando:

  • Aparece durante las primeras 24 horas.
  • El color amarillo se extiende hacia el abdomen, brazos o piernas.
  • El bebé está muy dormido o cuesta despertarlo.
  • Come poco o rechaza el alimento.
  • El amarillo aumenta en lugar de mejorar.
  • La orina es oscura o las deposiciones son blancas o muy pálidas.

Cuando es necesario tratarla, se utiliza fototerapia, un procedimiento con luces especiales que ayuda a reducir la bilirrubina.

No debe exponerse al bebé al sol como tratamiento para la ictericia. La luz solar no permite controlar la cantidad ni la intensidad de radiación que recibe y puede producir sobrecalentamiento, deshidratación o lesiones en la piel. La Academia Americana de Pediatría indica expresamente que poner al bebé al sol no es una forma segura de tratarla.

La valoración médica y, cuando corresponda, la medición de la bilirrubina son las formas adecuadas de decidir si el bebé necesita tratamiento.

Visitas durante las primeras semanas

No existe una fecha exacta en la que el bebé pueda comenzar a recibir visitas. Cada familia puede decidir cuándo se siente preparada.

Sin embargo, durante las primeras semanas conviene limitar el número de personas y establecer algunas reglas:

  • Todos deben lavarse las manos antes de tocar al bebé.
  • Las personas con tos, fiebre, diarrea, congestión o cualquier enfermedad deben aplazar la visita.
  • Nadie debe fumar o vapear cerca del bebé.
  • Se deben evitar los besos en la cara y en las manos.
  • Las personas que tendrán contacto frecuente con el recién nacido deben mantener sus vacunas al día según las recomendaciones médicas de su país.

Estas medidas ayudan a crear una especie de “capullo” protector alrededor del bebé mientras su sistema inmunitario continúa madurando.

Rutinas sin rigidez

Las rutinas pueden aportar tranquilidad, pero durante los primeros meses deben ser flexibles.

El recién nacido todavía no distingue claramente el día de la noche y sus necesidades cambian con rapidez. No siempre comerá, dormirá o hará deposición a la misma hora.

La familia puede comenzar con pequeñas señales repetidas:

  • Mantener luz natural y actividad moderada durante el día.
  • Reducir las luces y el ruido durante la noche.
  • Realizar el baño aproximadamente en el mismo momento del día.
  • Hablarle suavemente antes de dormir.
  • Responder a sus señales de hambre, sueño y necesidad de contacto.

Más que imponer horarios estrictos, se trata de observar al bebé y construir poco a poco una rutina adaptada a sus necesidades.

Signos de alarma durante los primeros 100 días

Durante los primeros tres meses, algunos síntomas necesitan valoración médica rápida.

Busca atención urgente si el bebé presenta:

  • Temperatura de 38 °C o más si tiene menos de tres meses.
  • Dificultad para respirar, respiración muy rápida, hundimiento de las costillas o quejido.
  • Color azulado, grisáceo o palidez intensa.
  • Convulsiones.
  • Está extremadamente dormido, débil o cuesta mucho despertarlo.
  • Rechaza varias tomas o no logra alimentarse.
  • Vomita repetidamente, especialmente si el vómito es verde o contiene sangre.
  • Moja muchos menos pañales de lo habitual.
  • Presenta signos de deshidratación.
  • Tiene sangre en las deposiciones.
  • La piel se vuelve cada vez más amarilla.
  • Presenta enrojecimiento, pus o mal olor en el ombligo.
  • Llora de manera inconsolable o tiene un comportamiento muy diferente al habitual.

En menores de tres meses, una temperatura de 38 °C o más necesita valoración inmediata, aunque el bebé parezca encontrarse bien.

La Organización Mundial de la Salud también considera señales de peligro los problemas para alimentarse, la disminución de la actividad, la dificultad respiratoria, la fiebre, las convulsiones y que el bebé se sienta anormalmente frío.

Cuidar a quienes cuidan

Los primeros 100 días no son solamente una adaptación para el bebé. La madre y el padre también están aprendiendo y necesitan descanso, alimentación, acompañamiento y apoyo emocional.

Aceptar ayuda para cocinar, limpiar, cuidar a otros hijos o sostener al bebé mientras los padres descansan puede hacer una gran diferencia.

Nadie nace sabiendo cómo cuidar a un recién nacido. Las dudas son normales y pedir orientación no significa que los padres lo estén haciendo mal.

El pediatra debe convertirse en una persona de confianza a quien la familia pueda acudir para resolver inquietudes, revisar el crecimiento y recibir recomendaciones adaptadas a las características particulares del bebé.

Para mas informacion de como cuidar a tu bebe los primeros 100 dias, preguntale al Dr Manuel 

Este artículo fue elaborado a partir del episodio “Cuidados del bebé en sus primeros 100 días”, del podcast Cuida tu salud de la Fundación Santa Fe de Bogotá, presentado por Sandra Nieto y con la participación de la doctora María Fernanda Roa, jefe del Departamento de Neonatología.

Fuentes complementarias: Organización Mundial de la Salud, Centers for Disease Control and Prevention y American Academy of Pediatrics.

Este contenido es informativo y no sustituye la valoración ni las recomendaciones del pediatra. Los bebés prematuros, de bajo peso o con alguna condición médica pueden necesitar cuidados y controles diferentes.

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