Inspirados por amor, guiados por el conocimiento

Asesores Expertos
+ 0
Padres
+ 0 Mil
Acompañando a las familias
+ 0 años

Tu embarazo semana a semana, regístrate aquí

Inspirados por amor, guiados por el conocimiento

Asesores Expertos
⭐+ 0
Padres
⭐+ 0 Mil
Acompañando a las familias
⭐+ 0 años

Cómo hablar con tus padres cuando eres adolescente: guía para conversaciones difíciles

Adolecente hablando con padres
()

Hablar con tus padres de algo que te preocupa puede sentirse mucho más difícil de lo que parece.

Tal vez necesitas contarles que tus notas están bajando. Quieres pedir más libertad. Cometiste un error y sabes que tienes que decir la verdad. No estás de acuerdo con una regla. Estás pasando por algo emocionalmente difícil. O simplemente necesitas que te escuchen sin convertir inmediatamente la conversación en un interrogatorio, un consejo o una solución.

Es posible que hayas imaginado la conversación muchas veces:

  • “¿Y si se enojan?”
  • “¿Y si no me entienden?”
  • “¿Y si termina otra vez en una pelea?”

No puedes controlar completamente cómo reaccionarán tus padres. Pero sí puedes preparar la conversación para aumentar las posibilidades de que realmente puedan escucharse.

1. Antes de hablar, pregúntate qué necesitas

A veces empezamos una conversación difícil con todo acumulado: frustración, miedo, argumentos y meses de cosas que no hemos dicho.

Antes de hablar, intenta responder una sola pregunta:

¿Qué quiero que mis padres entiendan o hagan después de esta conversación?

Tal vez necesitas:

  • permiso para hacer algo;
  • ayuda para resolver un problema;
  • consejo;
  • apoyo económico o práctico;
  • que entiendan por qué una regla te está costando;
  • negociar más independencia;
  • contarles que cometiste un error;
  • pedir ayuda porque emocionalmente no estás bien;
  • o simplemente que te escuchen.

Esto último también es válido.

Puedes decir:

“No necesito que me soluciones esto todavía. Primero necesito contártelo y que me escuches.”

Tener claro tu objetivo puede ayudarte a no perderte si la conversación se vuelve emocional.

2. Prepara solamente las primeras dos frases

No tienes que escribir un discurso.

De hecho, intentar memorizar exactamente todo lo que vas a decir puede hacer que te pongas todavía más nervioso.

Prepara únicamente cómo vas a empezar.

Por ejemplo:  “Hay algo importante que quiero contarte. ¿Es un buen momento?”

O:  “Me cuesta un poco hablar de esto y necesito que me escuches antes de responder.”

O:  “Sé que puede que esto no te guste, pero prefiero que lo escuches directamente de mí.”

Empezar con calma no garantiza que todo salga perfectamente, pero establece desde el principio que quieres tener una conversación y no iniciar una pelea.

3. Escoge el momento

Una conversación importante a veces fracasa no por lo que alguien dijo, sino porque ocurrió en el peor momento posible.

Probablemente no sea el mejor momento cuando:

  • alguien acaba de llegar agotado del trabajo;
  • están en medio de otra discusión;
  • alguien tiene que salir corriendo;
  • hay otras personas alrededor;
  • todos están cansados;
  • o alguno está demasiado alterado.

Puedes preguntar:

“¿Podemos hablar esta noche? Necesito unos minutos contigo.”

También hay conversaciones que resultan más fáciles mientras caminan, van en el carro o hacen alguna actividad juntos.

No tener que mirarse fijamente todo el tiempo puede disminuir la sensación de estar en un interrogatorio.

4. Explica qué necesitas, no solo lo que te molesta

Hay una diferencia enorme entre decir:  “Nunca me dejan hacer nada.”

y decir:  “Quiero hablar de tener un poco más de libertad para salir. Quisiera proponerte algo.”

También entre:  “No entienden absolutamente nada.”

y:  “Creo que estamos viendo esto de maneras distintas. Quiero explicarte cómo lo estoy viviendo yo.”

Cuanto más específico seas, más fácil será entender qué estás pidiendo.

5. Intenta entender qué les preocupa a ellos

Crecer significa querer cada vez más independencia.  Para tus padres, en cambio, darte más independencia también puede significar aceptar que no pueden controlar todo lo que haces.

Ahí aparecen muchos conflictos.  Tú puedes estar pensando:  “Quiero quedarme hasta más tarde porque todos mis amigos pueden hacerlo.”

Tus padres pueden estar pensando:  “¿Va a estar seguro?”

Tú:  “Necesito privacidad.”

Ellos:  “¿Por qué ya no nos cuenta nada?”

No significa que alguien tenga necesariamente la razón y el otro esté equivocado. Muchas veces están mirando problemas diferentes dentro de la misma conversación.

Investigaciones recientes sobre adolescencia muestran que el apoyo a la autonomía —sentir que los padres escuchan la perspectiva del adolescente y permiten una independencia apropiada para su edad— está relacionado con experiencias de mayor autonomía en los jóvenes.

Por eso, si quieres cambiar una regla, también puede ayudarte demostrar que entiendes la preocupación que existe detrás de ella.

Por ejemplo:  “Sé que te preocupa mi seguridad. ¿Qué necesitarías para sentirte tranquilo si llego una hora más tarde?”

6. Si estás pidiendo más libertad, propone también responsabilidad

La independencia funciona mejor cuando viene acompañada de acuerdos.

  • Si quieres llegar más tarde, podrías proponer avisar cuando llegues al lugar, responder el teléfono o acordar cómo regresarás.
  • Si quieres manejar tu propio dinero, puedes ofrecer llevar un presupuesto.
  • Si quieres más autonomía con el estudio, puedes acordar cuándo revisarás tus avances.

Una pregunta particularmente útil es:  “¿Qué necesitarían ver de mí para sentirse cómodos diciéndome que sí?”

Incluso pueden acordar probar algo durante algunas semanas y revisarlo después.

Eso convierte el conflicto en un experimento, no en una batalla definitiva.

7. Si tienes malas notas, habla antes de que ellos se enteren

Puede ser tentador esconder una mala nota, una materia que va mal o un mensaje del colegio.

Pero ocultarlo normalmente hace que el problema crezca.

Puedes comenzar así:  “Quiero contarte algo antes de que te enteres por el colegio.”

O:  “Estoy teniendo dificultades con una materia y no estoy seguro de cómo solucionarlo solo.”

O:  “Me preocupa cómo me está yendo. Necesito ayuda para pensar qué puedo cambiar.”

Reconocer el problema antes de ser descubierto también demuestra responsabilidad.

8. Si cometiste un error, no necesitas llegar con todas las respuestas

Decir la verdad cuando sabes que tus padres pueden enfadarse requiere valentía.

Puedes decir:  “Cometí un error y quiero contarte exactamente qué pasó.”

Después:  “Entiendo que puede haber consecuencias. Quiero asumir mi parte y ver cómo puedo repararlo.”

Responsabilizarte no significa tener inmediatamente la solución perfecta.  También puedes pedir ayuda.

9. Si solo quieres que te escuchen, dilo

A veces los padres oyen un problema y automáticamente activan el modo solución:

  • “Haz esto.”
  • “Lo que tienes que hacer es…”
  • “Yo a tu edad…”

Puede que lo hagan porque quieren ayudarte.

Pero quizá todavía no necesitas una solución.

Puedes decir:  “¿Puedo contarte todo primero y después vemos qué hacer?”

O:  “Todavía estoy intentando entender cómo me siento. Necesito hablarlo antes de buscar una solución.”

Eso también es comunicación.

10. Si tus padres se enfadan, no tienes que resolver todo en ese momento

Si alguien empieza a gritar, probablemente la capacidad de escuchar disminuya.

No siempre necesitas responder inmediatamente.

Puedes decir:  “Quiero seguir hablando de esto, pero creo que ahora estamos demasiado alterados. ¿Podemos retomarlo después?”

Hacer una pausa no significa escapar del problema.

Significa evitar que la conversación se convierta en una colección de frases de las que después todos se arrepienten.

Las investigaciones sobre comunicación entre adolescentes y padres muestran que la calidad de esa comunicación está relacionada con distintos aspectos del bienestar emocional adolescente. No significa que una conversación perfecta pueda prevenir todos los problemas, pero sí que mantener canales de comunicación abiertos importa.

11. Si no puedes decirlo en persona, puedes empezar escribiendo

Hay temas que cuestan tanto que las palabras simplemente no salen.

Puedes escribir una nota o enviar un mensaje como:

“Necesito hablar contigo de algo, pero me cuesta mucho empezar. Te escribo esto para poder explicarme mejor.”

Después pueden continuar la conversación personalmente.

Lo importante es encontrar una manera segura de abrir la puerta.

12. Si necesitas hablar de tu salud mental, no tienes que explicarlo perfectamente

A algunos adolescentes les cuesta contarles a sus padres que están atravesando ansiedad, tristeza, miedo o una situación emocional difícil.

La investigación ha encontrado barreras como miedo a preocupar a los padres o temor a que minimicen lo que sienten.

No necesitas tener un diagnóstico ni saber exactamente qué ocurre para pedir ayuda.

Puedes empezar simplemente diciendo:

  • “Últimamente no me estoy sintiendo como yo mismo.”
  • “Estoy sintiéndome demasiado abrumado y necesito hablar con alguien.”
  • “Esto está empezando a afectar mi sueño, mis estudios o mis relaciones y creo que necesito ayuda.”

Si no logras hablar con tus padres, busca otro adulto confiable: un familiar, profesor, orientador escolar, psicólogo o profesional de salud.

Y si estás en peligro, alguien te está haciendo daño o tienes pensamientos de hacerte daño, busca ayuda inmediata de un adulto de confianza o de los servicios de emergencia de tu país.

13. Lo que haces después también importa

Una conversación no termina cuando todos se levantan de la mesa.

  • Si llegaste a un acuerdo, intenta cumplirlo.
  • Si prometiste avisar dónde estás, hazlo.
  • Si acordaste mejorar algo, trabaja en ello.
  • Si te equivocas nuevamente, dilo.

La confianza entre padres e hijos se construye muchas veces a partir de pequeñas experiencias repetidas de:

“Dije que iba a hacerlo y lo hice.”

Las conversaciones pequeñas hacen posibles las grandes

No necesitas esperar a tener un problema enorme para hablar con tus padres.

  • Cuéntales una historia del colegio.
  • Muéstrales algo que te dio risa.
  • Pregúntales algo de su día.
  • Háblales de una canción, un amigo o algo que estés aprendiendo.

Las conversaciones cotidianas construyen un puente.

Y cuando llegue el día en que tengas que decir:  “Necesito hablar contigo de algo importante”,

ese puente ya estará allí.

Recuerda

Hablar bien con tus padres no significa estar siempre de acuerdo.  Tampoco significa que ellos siempre dirán que sí.

Una buena conversación puede terminar con un “no” y seguir siendo una buena conversación.  El objetivo es que puedas expresar lo que piensas, escuchar sus preocupaciones, buscar soluciones y mantener abierta la posibilidad de volver a hablar.

Aprender a tener conversaciones difíciles con respeto es una habilidad que te servirá mucho más allá de tu familia.

Si necesitas orientación

Si estás pasando por una situación emocional, familiar o de salud que te preocupa, puedes conversar con el Dr. Manuel, la herramienta de orientación de Mi Manual del Bebé. Esta orientación no reemplaza una evaluación médica o psicológica ni debe retrasar la búsqueda de ayuda urgente cuando existe riesgo.

Crédito editorial

Este artículo fue inspirado por el trabajo del educador Daniel Wong sobre comunicación entre adolescentes y padres. El contenido fue desarrollado, ampliado y adaptado editorialmente por Mi Manual del Bebé con apoyo de literatura científica sobre comunicación familiar, autonomía y salud mental durante la adolescencia.

Calificación!

Promedio de puntuación / 5. Recuento de votos:

Artículos Relacionados

Deja una respuesta

Dr Manuel
Dr Manuel

Conectando con Dr Manuel...

Tu cita al instante

¡Contáctanos!

Confirmación

¡Listo! Ya puedes comenzar a publicar tus contenidos en la página, compártelos siempre en tus demás blogs o redes sociales. ¡Mucha suerte!

Confirmación

“Ve a tu correo electrónico y confirma tu email”

Confirmación

¡Felicidades! Ya eres parte de la comunidad de Mi manual del bebé. Si deseas realizar publicaciones en la página entonces deberás completar los datos de tu perfil. 

 

¿Qué tipo de usuario eres?