Al momento de dejar de amamantarlo, siempre con las manos limpias, puedes introducir suavemente tu dedo meñique por un lado de su boca, así suelta fácilmente el pezón y se evitan las grietas que suelen aparecer, y hacen doloroso el acto de amamantar.
Debes estimular su lenguaje, háblale claro, ponle sonidos agradables. Si se sobresalta como respuesta a los ruidos fuertes, tranquilízalo, abrázalo. El chupo puede calmarlo. Nunca lo dejes solo en la cama por el riesgo de caerse al dar la vuelta.

