Momentos que abrigan el corazón: por qué recordarlos cambia la crianza
Los niños hacen muchas cosas bien. Llegan a tiempo, se esfuerzan, cumplen, logran avances importantes. ¿Y qué solemos hacer los adultos? Muchas veces lo olvidamos rápido. Pero cuando se equivocan, se portan mal o fallan… eso sí que no se nos olvida. Incluso nos quita el sueño. Poner el foco constantemente en lo negativo genera estrés innecesario y nos aleja de algo esencial: disfrutar la crianza.
Aprender a mirar lo bueno (de forma intencional)
El educador en crianza Marko Juhant propone un ejercicio sencillo y muy poderoso:
👉 tomar tu agenda o planner y anotar momentos lindos, pasados o por venir. No hablamos de grandes eventos. Hablamos de esos momentos que abrigan el corazón.
¿Qué son los “momentos lindos”?
Pueden ser cosas simples como:
- tiempo de calidad juntos,
- un picnic improvisado,
- una caminata,
- una noche de película,
- cocinar juntos,
- jugar un rato,
- una foto familiar,
- una salida al parque,
- saltar en los charcos un día de lluvia.
Son recuerdos que construyen vínculo. Y que para los niños son tan importantes como una cita médica o un cumpleaños.
El problema: lo importante se agenda… lo demás no
Cuando organizamos la semana o el mes, solemos escribir primero:
- reuniones,
- citas,
- obligaciones,
- pagos,
- compromisos “impostergables”.
Si no anotamos los momentos de conexión, simplemente no ocurren. No porque no queramos. Sino porque algo “más urgente” siempre aparece.
La clave: planear también la conexión
Los momentos de conexión también deben tener espacio en la agenda:
- la caminata de 20 minutos,
- ir al parque el fin de semana,
- hornear galletas un viernes,
- jugar juntos un rato.
Si no los planificamos, los postergamos. Y pasan semanas, meses… hasta que decimos: “no tuve tiempo”.
La verdad es que el tiempo no aparece solo. Se crea.
Un pequeño ritual que lo cambia todo
Una idea simple y bonita: cuando un momento te llenó de alegría, márcalo en tu agenda con un corazón o una carita feliz.
No todos los días. Solo esos recuerdos que te dejan una sensación cálida.
Si tu hijo lo nota y te pregunta por qué lo haces, puedes decirle:
“Para recordar cuántas veces me haces sentir feliz y lo bien que la pasamos juntos.”
Ese mensaje vale oro.
Ojo: no es una meta para el niño
Es importante aclarar algo: estos símbolos no son premios, ni algo que el niño deba “ganarse”. No hay condiciones. No se fuerza.
Los momentos lindos aparecen cuando:
- hay tiempo,
- hay presencia,
- hay espacio para que la vida ocurra.
Y eso es justamente lo que estamos cuidando.
La crianza no se trata solo de corregir errores. También se trata de construir recuerdos.
Cuando empezamos a registrar lo bueno:
- baja el estrés,
- cambia la mirada,
- y el vínculo se fortalece.
Porque los niños necesitan esos momentos felices. Y nosotros también.
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