Cuando las rabietas no desaparecen solas: cómo ayudar a tu hijo a regular sus emociones
Las rabietas son una parte normal del desarrollo infantil, especialmente en los primeros años de vida. Sin embargo, cuando las explosiones emocionales se vuelven muy frecuentes, intensas o se mantienen con el paso del tiempo, es importante que los padres no se queden esperando a que “se le pase solo”.
De acuerdo con el coach de crianza y autor Marko Juhant, muchas familias terminan organizando su vida alrededor de los detonantes emocionales de sus hijos: evitan ciertos temas, cambian planes, ceden antes de un conflicto o hacen todo lo posible para que el niño no se frustre. Aunque esto puede parecer una solución en el momento, a largo plazo puede impedir que el niño aprenda a manejar la frustración, la espera, los límites y la decepción.
La pregunta no es si un niño va a sentir rabia, tristeza o frustración. Todos los niños las sienten. La verdadera pregunta es: ¿está aprendiendo herramientas para atravesar esas emociones sin quedar atrapado en ellas?
No se trata de evitar todas las emociones difíciles
Como padres, es natural querer proteger a los hijos del malestar. Pero proteger no significa evitarles toda incomodidad. Un niño que nunca tiene la oportunidad de tolerar un “no”, esperar su turno, apagar una pantalla o aceptar un cambio de planes, puede tener más dificultad para desarrollar autocontrol.
Esto no quiere decir dejarlo solo con su emoción ni castigarlo por sentir. Significa acompañarlo con firmeza y calma mientras aprende que puede sentirse frustrado y, aun así, estar seguro.
Por ejemplo, si un niño hace una rabieta porque debe dejar de jugar para ir a comer, la solución no siempre es permitirle seguir jugando para evitar el conflicto. A veces, el aprendizaje está en sostener el límite y ayudarlo a transitar la emoción.
La regulación emocional se aprende con práctica
Los niños no nacen sabiendo calmarse, esperar, expresar lo que sienten o resolver un conflicto. Estas habilidades se desarrollan poco a poco, con el acompañamiento de los adultos.
Cuando un niño está en medio de una rabieta, su cerebro emocional está muy activado. En ese momento no necesita un discurso largo, amenazas o sermones. Necesita un adulto que le ayude a recuperar seguridad.
Frases sencillas pueden ayudar:
- “Veo que estás muy bravo.”
“Sé que querías seguir jugando.”
“Es difícil parar cuando algo te gusta.”
“Estoy aquí, pero no voy a dejar que tires las cosas.”
“Cuando estés listo, buscamos juntos qué hacer.”
El objetivo no es eliminar la emoción, sino enseñarle que la emoción puede sentirse sin destruir, gritar, golpear o lastimarse a sí mismo o a otros.
Cuando los padres viven “caminando sobre cáscaras de huevo”
Una señal de alerta aparece cuando toda la familia comienza a vivir evitando cualquier situación que pueda detonar una explosión emocional. Se deja de poner límites, se cambian rutinas, se evitan salidas o se cede constantemente para no provocar una rabieta.
Según Marko Juhant, cuando los adultos se enfocan únicamente en evitar los detonantes, el niño puede perder oportunidades importantes para practicar habilidades de regulación. Con el tiempo, lo que empezó como una rabieta infantil puede convertirse en una forma habitual de responder ante la frustración.
Por eso, más que preguntarnos “¿cómo hago para que no se enoje?”, podríamos preguntarnos: ¿cómo puedo acompañarlo para que aprenda a manejar lo que siente?
¿Qué pueden hacer los padres?
1. Anticipar los cambios
Muchos niños se desregulan cuando deben pasar de una actividad a otra. Avisar con tiempo puede ayudar:
- “En cinco minutos vamos a apagar la televisión.”
“Cuando termine esta canción, nos vamos a bañar.”
“Después de guardar los juguetes, vamos a comer.”
La anticipación no elimina todas las rabietas, pero reduce la sensación de pérdida de control.
2. Mantener límites claros
Acompañar con amor no significa permitirlo todo. Los niños necesitan saber qué está permitido y qué no.
Puedes validar la emoción sin cambiar el límite: “Entiendo que estás molesto porque querías seguir jugando. Igual es hora de comer.”
La calma del adulto ayuda al niño a entender que el límite no es una amenaza, sino parte de la vida diaria.
3. Nombrar la emoción
Muchos niños explotan porque no saben identificar lo que sienten. Ayudarlos a poner palabras puede ser un primer paso para regularse.
- “Eso que sientes puede ser rabia.”
“Creo que estás frustrado porque no salió como querías.”
“Te dio tristeza que se acabara el juego.”
Cuando un niño aprende a nombrar lo que siente, poco a poco puede comunicarlo mejor.
4. Enseñar herramientas fuera del momento de crisis
Durante una rabieta no es el mejor momento para enseñar grandes lecciones. Es mejor practicar cuando el niño está tranquilo.
Pueden ensayar respirar profundo, pedir ayuda, hacer una pausa, apretar un cojín, dibujar lo que siente o buscar un lugar seguro para calmarse. La regulación emocional se construye con repetición, no con una sola conversación.
5. Revisar la respuesta del adulto
Los niños aprenden mucho observando cómo los adultos manejan su propia frustración. Si el adulto grita, amenaza o pierde el control, el niño recibe ese modelo.
Esto no significa que los padres deban ser perfectos. Significa que también pueden reparar: “Perdón, te grité. Yo también estaba frustrada. Voy a intentarlo de nuevo.”
La reparación enseña responsabilidad emocional.
¿Cuándo pedir ayuda?
Es recomendable consultar con un profesional si las rabietas son muy intensas, duran mucho tiempo, aparecen varias veces al día, incluyen agresiones frecuentes, afectan la vida familiar o escolar, o si el niño parece sufrir mucho y no logra recuperarse.
También es importante buscar orientación si los padres sienten que ya no saben qué hacer, viven agotados o han dejado de poner límites por miedo a la reacción del niño.
Pedir ayuda no significa que los padres hayan fallado. Significa que quieren darle a su hijo mejores herramientas para crecer.
En resumen
Las rabietas no siempre desaparecen solo con el tiempo. Algunas disminuyen a medida que el niño madura, pero otras necesitan acompañamiento, límites claros y estrategias de regulación emocional.
Como recuerda Marko Juhant en sus reflexiones sobre crianza, la diferencia no está en evitar cada detonante, sino en ayudar al niño a construir habilidades reales para manejar la frustración, la decepción y el estrés.
Criar con respeto no es decir siempre que sí. Es acompañar con amor, sostener los límites y enseñarle al niño que sus emociones son válidas, pero sus acciones también tienen que aprender a ser seguras y respetuosas.
Para mas informacion en como apoyar a tus hijos, preguntale al Dr Manuel
Este artículo fue elaborado a partir de reflexiones compartidas por Marko Juhant, coach de crianza y autor, sobre la importancia de enseñar habilidades de regulación emocional en la infancia.
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