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Cuando solo ves lo malo de tu adolescente: cómo cuidar el vínculo

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Cuando solo ves lo malo de tu adolescente: cómo corregir sin dañar el vínculo

Tu hijo dejó nuevamente la ropa tirada en el piso. No terminó una tarea, respondió con un tono que no te gustó y pasó buena parte de la cena mirando el teléfono.

Al final del día, cuando piensas en él, esas son las escenas que aparecen primero.

Sin embargo, durante esa misma jornada también se levantó para ir al colegio, cumplió con varias de sus responsabilidades, hizo reír a su hermano y te contó, aunque fuera brevemente, algo que le había ocurrido.

¿Por qué resulta tan fácil recordar el mal tono y tan difícil conservar en la memoria los pequeños gestos positivos?

No significa que seas una mala madre o un mal padre. Nuestro cerebro tiende a prestar más atención a las experiencias negativas que a las positivas. En psicología, esto se conoce como sesgo de negatividad.

El problema aparece cuando esa tendencia comienza a cambiar la forma en que vemos a nuestros hijos. Poco a poco, dejamos de observar a un adolescente que está aprendiendo, creciendo y equivocándose, y empezamos a ver únicamente una lista de comportamientos que deben corregirse.

La idea del 80/20 en la relación con los adolescentes

En algunos espacios de orientación familiar se utiliza la llamada regla del 80/20 para explicar que, incluso en las relaciones saludables, existen aspectos agradables y otros que generan frustración.

No se trata de una fórmula científica ni significa que todas las familias tengan exactamente un 80 % de momentos buenos y un 20 % de dificultades. Es simplemente una metáfora útil.

En muchas familias, la mayor parte de la relación continúa funcionando: hay cariño, cuidados, conversaciones, rutinas compartidas y momentos de conexión. Sin embargo, los conflictos pueden terminar ocupando casi toda la atención.

El cuarto desordenado, las malas notas, el incumplimiento de un horario o una respuesta desafiante comienzan a pesar más que todo lo demás.

La relación no necesariamente perdió sus aspectos positivos. Lo que puede haber cambiado es el lugar hacia donde están mirando los padres.

Por qué recordamos más los errores

Las experiencias negativas suelen llamar nuestra atención con mayor rapidez porque nuestro cerebro las interpreta como posibles amenazas o problemas que deben solucionarse.

Por eso podemos olvidar que nuestro hijo colaboró durante toda la semana, pero recordar con claridad el único día en que se negó a ayudar.

También podemos pasar por alto diez conversaciones tranquilas y quedarnos pensando durante horas en aquella en la que respondió de manera brusca.

Cuando esto ocurre de forma repetida, el adolescente puede empezar a recibir más comentarios sobre lo que hace mal que reconocimiento por lo que hace bien.

Entonces aparecen frases como:

  • “Siempre dejas todo tirado”.
  • “Nunca escuchas”.
  • “Últimamente todo te da pereza”.
  • “Ya no se puede hablar contigo”.

Aunque esas expresiones surjan del cansancio, pueden hacer que el adolescente sienta que sus errores definen quién es.

Corregir una conducta no significa definir a tu hijo

Existe una diferencia importante entre señalar una conducta y etiquetar a una persona.

No es lo mismo decir:  “Dejaste la ropa en el suelo y necesito que la recojas”.

Que decir:  “Eres demasiado desordenado”.

En el primer caso se habla de una situación concreta que puede cambiar. En el segundo, el comportamiento se convierte en una característica permanente de la identidad del adolescente.

Cuando un joven siente que sus padres ya lo ven como irresponsable, perezoso, desordenado o problemático, puede dejar de esforzarse por demostrar lo contrario.

Incluso puede pensar: “Si de todas maneras creen que soy así, ¿para qué intentarlo?”.

Por eso, antes de corregir, conviene preguntarse:

  • ¿Estoy hablando de lo que ocurrió o de quién creo que es mi hijo?
  • ¿Estoy intentando resolver un problema concreto o estoy descargando frustraciones acumuladas?
  • ¿Mi hijo escucha una petición específica o una lista de todos sus errores?

Los conflictos necesarios no deben evitarse

Reconocer lo positivo no significa ignorar los problemas.

Los adolescentes todavía necesitan límites, acompañamiento, orientación y consecuencias claras. Los conflictos relacionados con los estudios, las responsabilidades, los horarios, el uso de las pantallas o el respeto dentro de la casa deben abordarse.

El objetivo no es mirar únicamente “el lado bueno” ni fingir que todo está bien.

El objetivo es evitar que una conducta problemática borre por completo la imagen que tenemos de nuestro hijo.

Puedes pedirle que cumpla sus responsabilidades y, al mismo tiempo, recordar que sigue siendo una persona valiosa.

Puedes estar en desacuerdo con su comportamiento sin hacerle sentir que todo en él está mal.

Antes de hablar, descubre cuál es el verdadero problema

Muchas discusiones familiares comienzan por una situación visible, pero debajo puede existir una dificultad diferente.

La pelea parece ser por el teléfono, pero quizá el adolescente se siente aislado y utiliza las redes para mantener contacto con sus amigos.

Parece ser por las tareas, pero tal vez se siente abrumado, no comprende una materia o teme decepcionar a sus padres.

Parece ser por su actitud, pero puede estar atravesando frustraciones que todavía no sabe expresar.

Esto no significa justificar todas las conductas. Significa intentar comprenderlas para encontrar una solución más efectiva.

Antes de iniciar la conversación, pregúntate:

  • “¿Qué quiero que cambie exactamente?”.
  • “¿Qué puede estar dificultando ese cambio?”.
  • “¿Hay algo que mi hijo necesita y todavía no ha podido explicar?”.

Comprender la necesidad que existe detrás de una conducta no elimina el límite. Ayuda a establecerlo de una manera más útil. Para profundizar, conoce las tres necesidades emocionales de los preadolescentes y adolescentes.

Aborda un problema a la vez

Cuando los padres llevan semanas o meses acumulando frustración, es común que una discusión sobre el cuarto termine incluyendo también las notas, el teléfono, los horarios, los amigos y todo lo que ocurrió durante el último año.

El adolescente deja de escuchar el asunto inicial porque siente que debe defenderse de una acusación general.

En lugar de decir:  “Dejas el cuarto desordenado, nunca colaboras, tus notas están bajando y además pasas todo el día con el teléfono”.

Puedes concentrarte en una sola situación:  “Quiero que acordemos cómo mantener tu cuarto en condiciones básicas durante la semana”.

Resolver un problema concreto aumenta las posibilidades de llegar a un acuerdo. Mezclar todas las dificultades suele hacer que la conversación termine en reproches. También puedes aprender cómo discutir con tu adolescente sin dañar la relación.

Descubre también cómo corregir la conducta de un adolescente sin intentar cambiarlo todo a la vez.

Evita los sermones que cierran la comunicación

Los padres suelen dar largos discursos porque quieren que sus hijos comprendan la importancia de una situación.

Sin embargo, después de unos minutos, muchos adolescentes dejan de escuchar y empiezan a concentrarse en defenderse, escapar de la conversación o esperar a que termine.

Las preguntas breves suelen abrir más espacio que los sermones.

Puedes probar con expresiones como:

  • “Quiero entender qué pasó”.
  • “¿Qué está haciendo difícil cumplir con esto?”.
  • “¿Qué solución crees que podría funcionar?”.
  • “¿Qué necesitas de nosotros y qué necesitamos nosotros de ti?”.

Escuchar su explicación no significa que debas aceptar todo lo que diga. Significa incluirlo en la búsqueda de una solución.

Construyan juntos un acuerdo

Los adolescentes necesitan desarrollar autonomía, pero todavía requieren guía.

Cuando las decisiones se presentan únicamente como órdenes, es más probable que reaccionen con resistencia. Cuando participan en la creación del acuerdo, pueden comprender mejor su propósito y asumir mayor responsabilidad.

Un acuerdo útil debe ser:

  • específico;
  • realista;
  • fácil de comprobar;
  • conocido por todos;
  • acompañado de consecuencias claras.

Por ejemplo, en lugar de decir “debes ser más responsable con el colegio”, pueden acordar que revisará sus pendientes a una hora determinada, pedirá ayuda cuando no comprenda una tarea y dejará el teléfono fuera del espacio de estudio durante cierto tiempo.

No siempre estarán de acuerdo desde el principio. Lo importante es que la conversación no termine únicamente con una orden, sino con claridad sobre lo que sucederá después.

Reconoce también lo que funciona

Muchas conductas positivas pasan desapercibidas porque los adultos las consideran normales.

Esperamos que el adolescente llegue a tiempo, cumpla una tarea, sea amable o ayude en casa. Cuando lo hace, no decimos nada. Cuando no lo hace, intervenimos de inmediato.

El resultado puede ser que la mayoría de las conversaciones entre padres e hijos aparezcan solamente cuando existe un problema.

Reconocer no significa elogiar exageradamente ni premiar cada obligación. Puede ser algo tan sencillo como decir:

  • “Gracias por cumplir lo que acordamos”.
  • “Noté que ayudaste a tu hermano”.
  • “Sé que esta semana fue difícil y aun así seguiste intentándolo”.
  • “Me gustó conversar contigo hoy”.

Los adolescentes quizá no siempre respondan con entusiasmo, pero sentirse vistos también fortalece el vínculo. La forma de expresar una corrección también importa. Mira esta guía para dar retroalimentación a tu adolescente sin afectar la relación.

Revisa cómo están siendo sus interacciones

Durante algunos días, observa los momentos en los que te acercas a tu hijo.

  • ¿Cuántas veces lo haces para corregirlo?
  • ¿Cuántas para preguntarle genuinamente cómo está?
  • ¿Cuántas para compartir algo, reír juntos o simplemente acompañarlo?

No se trata de llevar una contabilidad perfecta, sino de identificar si la relación se está construyendo principalmente alrededor de las correcciones.

En ocasiones, antes de resolver un gran conflicto, es necesario recuperar pequeños espacios de conexión.

Ver una serie juntos, preparar algo de comer, acompañarlo en una actividad que le interesa o escucharlo sin convertir inmediatamente la conversación en una lección puede ayudar a restablecer la confianza.

Cuando el adolescente se niega a hablar

Algunos jóvenes responden con silencio, se encierran en su habitación o dicen que no quieren conversar.

Forzarlos a hablar en el momento de mayor tensión suele aumentar la resistencia.

Puedes decir:  “Veo que ahora no quieres hablar. Este tema es importante, así que podemos retomarlo cuando estemos más tranquilos”.

De esta manera respetas la necesidad de una pausa sin abandonar el asunto.

También es importante escoger el momento. Las conversaciones difíciles rara vez funcionan cuando alguien está cansado, tiene prisa, acaba de llegar del colegio o todavía está muy enojado.

Dar espacio no significa dejar el conflicto sin resolver. Significa buscar un momento en el que ambos puedan participar de manera más constructiva. Si sientes que la distancia ha aumentado, conoce por qué tu hijo puede alejarse y cómo reconectar sin presionarlo.

Cuándo buscar apoyo profesional

Los desacuerdos forman parte de la convivencia familiar, especialmente durante la adolescencia. Sin embargo, puede ser necesario consultar con un profesional de salud mental o de orientación familiar cuando:

  • las discusiones son constantes y cada vez más intensas;
  • existe agresión verbal o física;
  • el adolescente se aísla de manera marcada;
  • hay cambios importantes en el sueño, el apetito, el rendimiento escolar o el estado de ánimo;
  • la comunicación se ha roto por completo;
  • los padres sienten que ya no pueden manejar la situación sin gritar, amenazar o perder el control.

Pedir ayuda no significa que la familia haya fracasado. En ocasiones, una mirada externa permite identificar patrones de comunicación y necesidades que son difíciles de observar desde dentro.

Tu adolescente es mucho más que sus momentos difíciles

La adolescencia es una etapa de grandes cambios. Los jóvenes buscan independencia, ponen a prueba los límites y todavía están aprendiendo a regular sus emociones, organizar sus responsabilidades y tomar decisiones.

En ese proceso pueden equivocarse, responder mal o actuar de maneras que preocupan y frustran a sus padres.

Pero esas conductas no representan la totalidad de quienes son.

Detrás del cuarto desordenado, el portazo o el silencio continúa estando el hijo que alguna vez buscó tu mano para sentirse seguro. Ahora necesita seguridad de otra manera: saber que puede equivocarse sin perder tu cariño, que puede ser corregido sin sentirse rechazado y que sus padres todavía pueden ver todo lo bueno que existe en él.

Los conflictos deben resolverse, pero no deberían convertirse en el centro de la relación.

Porque cuando un adolescente se siente visto y no solamente corregido, es más probable que vuelva a acercarse, cuente lo que le ocurre y confíe en que su hogar sigue siendo un lugar seguro.

Para mas informacion sobre como puedes conectar mejor con tus hijos, pregutnale al Dr Manuel 

Fuentes y referencias

  • Baumeister, R. F., Bratslavsky, E., Finkenauer, C. y Vohs, K. D. (2001). Bad Is Stronger Than Good. Review of General Psychology, 5(4), 323-370. https://doi.org/10.1037/1089-2680.5.4.323
  • Zapf, H., Boettcher, J., Haukeland, Y., Orm, S., Coslar, S. y Fjermestad, K. (2023). A Systematic Review of the Association Between Parent-Child Communication and Adolescent Mental Health. JCPP Advances, 4(2), e12205. https://doi.org/10.1002/jcv2.12205
  • Bi, X. y Wang, S. (2021). Parent-Adolescent Communication Quality and Life Satisfaction: The Mediating Roles of Autonomy and Future Orientation. Psychology Research and Behavior Management, 14, 1091-1099. https://doi.org/10.2147/PRBM.S317389
  • American Academy of Pediatrics. How to Communicate With and Listen to Your Teen: 3 Key Tips. HealthyChildren.org.
  • Centers for Disease Control and Prevention. Tips for Coaching Teens to Recognize and Manage Emotions. Essentials for Parenting Teens.
  • Centers for Disease Control and Prevention. Tips for Encouraging Independence. Essentials for Parenting Teens.
  • Centers for Disease Control and Prevention. Tips for Praising Your Teen. Essentials for Parenting Teens.
  • American Academy of Pediatrics. La salud mental de los adolescentes: cómo saber cuándo su hijo necesita ayuda. HealthyChildren.org.

 

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