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Adolescente rebelde: por qué ocurre y cómo responder

Adolecente gritando
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Adolescente rebelde: qué puede haber detrás de su conducta y cómo responder

Tu hijo ignora una regla que conoce perfectamente.  Le haces una pregunta sencilla sobre una tarea y responde con enojo.

Le pides que deje el celular y, cinco minutos después, están discutiendo sobre algo mucho más grande:

“¡No puedes controlar todo lo que hago!”

Desde afuera puede parecer simple rebeldía.  Pero dos adolescentes pueden romper exactamente la misma regla por razones completamente diferentes.  Uno puede estar sintiendo que necesita más autonomía.

Otro puede estar tratando de encajar con sus amigos.  Otro puede haber llegado emocionalmente saturado después de un día difícil. Por eso, antes de preguntarnos solamente:

“¿Cómo hago para que deje de comportarse así?”

puede ser útil preguntarnos:

“¿Qué puede estar pasando detrás de esta conducta?”

Comprender el motivo no significa justificar una falta de respeto, eliminar los límites ni evitar consecuencias. Significa responder al problema real y no únicamente a lo que vemos en la superficie.

La rebeldía adolescente no tiene una sola causa

La adolescencia es una etapa en la que ocurren cambios importantes en la autonomía, las relaciones sociales, la identidad y la regulación emocional.

La investigación muestra que el comportamiento oposicionista puede relacionarse con distintos factores.

Entre ellos hay tres especialmente útiles para entender muchos conflictos cotidianos:

  • la necesidad de autonomía;
  • la necesidad de pertenecer;
  • el estrés y la dificultad para regular emociones intensas.

No explican todas las conductas adolescentes ni permiten diagnosticar lo que ocurre en un caso individual.

Pero sí pueden ayudarnos a mirar una discusión con otros ojos.

1. Cuando la rebeldía es una lucha por autonomía

Imagina esta escena:

  • —Deja el celular.
  • —En un minuto.
  • —Te dije ahora.

Tu adolescente pone los ojos en blanco.  Tú insistes.

Él responde:  “¡No puedes decidir todo por mí!”

Cinco minutos antes el problema era un teléfono.

Ahora la discusión es sobre control.

¿Por qué ocurre?

Durante la adolescencia aumenta la necesidad de participar en las decisiones que afectan la propia vida.  Existe además un fenómeno psicológico conocido como reactancia: cuando una persona siente que su libertad está siendo amenazada o retirada, puede aparecer una motivación fuerte por recuperarla.

Una investigación con 1.472 adolescentes y jóvenes encontró asociaciones entre estilos parentales controladores, frustración de la necesidad de autonomía y mayor reactancia, que a su vez se relacionaba con conductas oposicionistas. Esto no significa que toda norma produzca rebeldía, sino que la forma como se ejerce el control importa.

En algunos conflictos, el adolescente puede dejar de estar defendiendo el asunto original y empezar a defender algo más grande:  “Quiero sentir que tengo alguna voz sobre mi propia vida.”

Mantén el límite, pero devuelve parte de la elección

Autonomía no significa ausencia de reglas.  Un adolescente no necesita poder decidir absolutamente todo.  Los padres siguen teniendo la responsabilidad de establecer límites relacionados con seguridad, salud, convivencia y responsabilidades.

La diferencia está en buscar lugares donde el adolescente sí pueda participar.

En lugar de:  “Tienes que hacer el trabajo a las 7 y voy a revisarte cada hora.”

puedes intentar:  “El trabajo se entrega el viernes. ¿Cuál es tu plan para terminarlo?”

La frontera sigue allí:  el trabajo debe hacerse.

Pero dentro de esa frontera existe espacio para organizarse, tomar decisiones y asumir responsabilidad.  Si no sabe cómo hacerlo, puedes ayudarlo a construir el plan sin tomar el control completo.

Porque aprender autonomía requiere práctica:  planear, decidir, equivocarse, experimentar consecuencias, ajustar y volver a intentar.

Pregúntate: ¿qué límite realmente importa?

Cuando aparece una lucha de poder, intenta separar dos cosas:

  • lo que verdaderamente necesitas mantener
    de
    lo que podrías permitir que tu adolescente decida.

Tal vez la regla importante es regresar a casa de forma segura.  Pero quizá pueda participar en decidir la hora dentro de ciertas opciones, el transporte o cómo avisará dónde está.

Tal vez la responsabilidad es estudiar.  Pero puede elegir si empieza por matemáticas o inglés, o si lo hace antes o después de cenar.

Cuanto más capaces se vuelven, más responsabilidad podemos transferirles gradualmente.

2. Cuando la rebeldía tiene que ver con pertenecer

Ahora imagina otra situación.  Tu adolescente participa en una burla hacia otro compañero en un chat.  Sabe que está mal.

Sabe que tú no estarías de acuerdo.  Incluso puede sentirse incómodo mientras lo hace.

¿Por qué participa?: Porque quizá la decisión real que está viviendo no es solamente:  “¿Está bien o mal burlarme de esta persona?”

También puede ser:  “¿Qué me pasará a mí si no participo?”

  • ¿Se burlarán de mí?
  • ¿Me dejarán fuera?
  • ¿Seré el siguiente?
  • ¿Seguiré perteneciendo al grupo?

Eso no convierte la conducta en aceptable.

Pero cambia nuestra comprensión de lo que necesita aprender.

Los amigos realmente pueden cambiar cómo se siente una decisión

La influencia de los compañeros durante la adolescencia está bien documentada.  En un conocido estudio de neuroimagen, adolescentes, adultos jóvenes y adultos realizaron una tarea de toma de decisiones solos y mientras eran observados por compañeros.

Los adolescentes asumieron más riesgos cuando creían que sus amigos los observaban, y en ese contexto mostraron mayor actividad en regiones cerebrales relacionadas con la valoración de recompensas. Los adultos no mostraron el mismo patrón.

Otros estudios han encontrado efectos de la presencia de pares incluso cuando los adolescentes conocen explícitamente las probabilidades de consecuencias negativas.

Esto no significa que los adolescentes sean incapaces de tomar buenas decisiones cuando están con amigos.

Significa que el contexto social puede modificar cuánto valor emocional tiene una decisión.

“Solo di que no” a veces no es suficiente

Decirle:  “No dejes que tus amigos te influyan.”  puede ser correcto, pero no necesariamente le enseña cómo afrontar la situación real.

Primero necesitamos entender qué siente que está en juego.

Puedes preguntar:  “¿Qué crees que habría pasado si hubieras dicho que no?”

Y después:  “¿Qué fue lo que hizo difícil tomar otra decisión?”

Quizá la respuesta sea:  “Se habrían burlado de mí.”

Ahora tienes información importante.

Todavía puedes decir:  “Lo que hiciste no estuvo bien.”

Pero además puedes trabajar con él en:

  • cómo responder a la presión social;
  • qué amistades lo ayudan o perjudican;
  • qué puede decir la próxima vez;
  • cómo salir de una situación incómoda;
  • cómo mantener sus valores sin perder completamente el sentido de pertenencia.

La meta deja de ser únicamente controlar su conducta y pasa a ser ayudarlo a construir criterio.

3. Cuando la “mala actitud” es en realidad desborde

Tu adolescente llega del colegio.

Tú preguntas:  “¿Ya estudiaste para el examen de química?”

Y responde:  “¡¿Puedes dejarme tranquilo por una vez?!”

Da un portazo.

Desde tu punto de vista, la reacción parece completamente desproporcionada.

Pero quizá esa pregunta no fue realmente el origen de la explosión.

Tal vez:

  • durmió cinco horas;
  • tuvo una discusión con un amigo;
  • algo vergonzoso ocurrió en el colegio;
  • tuvo una mala nota;
  • lleva varias tareas atrasadas;
  • se sintió excluido;
  • o ha estado conteniendo tensión todo el día.

Tu pregunta pudo ser solamente la última gota.

El estrés no siempre parece estrés

Un adolescente estresado no necesariamente va a decir:

“Mamá, estoy emocionalmente sobrecargado.”

A veces el estrés aparece como:

  • irritabilidad;
  • respuestas bruscas;
  • impulsividad;
  • aislamiento;
  • explosiones aparentemente desproporcionadas;
  • dificultad para concentrarse.

Un estudio longitudinal con más de 1.000 adolescentes encontró que experiencias estresantes y victimización entre pares predecían aumentos posteriores en dificultades de regulación emocional, y que estos aumentos se asociaban después con mayores niveles de conducta agresiva.

Esto no significa que cada comentario grosero esconda un problema profundo.

Y tampoco convierte el estrés en una excusa para tratar mal a otros.

Significa que, si únicamente corregimos la explosión sin mirar qué la precedió, podemos perder información importante.

Regula primero, investiga después

En medio de una explosión emocional suele ser difícil enseñar una lección.  Un sermón de 30 minutos sobre respeto probablemente no produzca mucha reflexión cuando todos están furiosos.

Puedes decir:  “No estoy de acuerdo con la forma como me hablaste y vamos a volver sobre eso. Pero ahora mismo pareces muy frustrado. Tomemos un momento y hablamos después.”

Eso comunica dos cosas simultáneamente:

  • la conducta tiene un límite
    y
    quiero entender qué está pasando.

Cuando ambos estén más tranquilos, puedes retomar:  “Quiero hablar de cómo me respondiste. Pero también quiero entender qué estaba pasando contigo antes de eso.”

Esa segunda conversación es donde puede aparecer el aprendizaje.

Entender no significa permitir

Este punto es fundamental.

  • Comprender que un adolescente busca autonomía no significa dejarlo hacer lo que quiera.
  • Comprender que tuvo presión de sus amigos no elimina su responsabilidad.
  • Comprender que estaba estresado no significa aceptar insultos o agresiones.

Puedes sostener simultáneamente dos mensajes:

  • “Entiendo por qué esto pudo haber sido difícil.”
  • y
  • “Aun así, eres responsable de lo que hiciste.”

Eso evita dos extremos:

  • castigar sin comprender
    o
    comprender sin poner límites.

Entonces, ¿qué pregunta hago cuando mi adolescente “se rebela”?

Antes de reaccionar, puedes detenerte unos segundos y considerar:

¿Está peleando por autonomía?

¿Siente que no tiene ninguna participación en una decisión que afecta su vida?

Si es así:  mantén el límite necesario y busca dónde puedes devolver elección.

¿Está tratando de proteger su lugar en el grupo?

¿La conducta apareció en un contexto de amistades, redes sociales, fiestas o miedo a quedar excluido?

Si es así: explora cuál era el costo social de hacer lo correcto y ayúdalo a prepararse para situaciones similares.

¿Está emocionalmente desbordado?

¿La reacción parece mucho mayor que el problema inmediato?

¿Hay cansancio, problemas escolares, conflictos sociales o tensión acumulada?

Si es así:  baja primero la intensidad y conversa después.

Algunas frases que pueden ayudar

En lugar de:  “¿Por qué siempre tienes que desafiarme?”

prueba:  “Quiero entender qué es lo que más te molesta de esta situación.”

En lugar de:  “Porque yo lo digo.”

prueba:  “Este límite no cambia, pero quiero saber cómo crees que podemos manejarlo.”

En lugar de:  “Tus amigos son una mala influencia.”

prueba:  “¿Qué creías que iba a pasar si hacías algo diferente al grupo?”

En lugar de:  “No me vuelvas a hablar así.”

puedes decir:  “No voy a aceptar que me hables de esa manera. Hablaremos de eso cuando ambos estemos más tranquilos.”

El objetivo no es criar un adolescente que nunca se oponga

Un adolescente sano necesita aprender gradualmente a pensar por sí mismo.  Eso inevitablemente significa que en ocasiones cuestionará, negociará o estará en desacuerdo contigo.

La meta no es eliminar cada oposición.

Es ayudarlo a desarrollar las habilidades que necesitará como adulto:

  • tomar decisiones;
  • manejar presión social;
  • regular emociones;
  • asumir consecuencias;
  • expresar desacuerdo con respeto;
  • reconocer errores;
  • pedir ayuda;
  • y construir criterio propio.

Por eso, cuando aparezca una conducta que parece rebeldía, quizá la pregunta más útil no sea únicamente:  “¿Cómo hago para detener esto?”

Sino: “¿Qué está intentando proteger, conseguir o aliviar mi adolescente en este momento?”

La respuesta no elimina los límites.  Pero puede ayudarte a elegir uno que realmente enseñe.

Cuándo conviene buscar ayuda

La oposición ocasional y los conflictos forman parte de muchas relaciones familiares durante la adolescencia.

Pero conviene consultar con un profesional si hay:

  • agresiones físicas;
  • amenazas;
  • conductas de alto riesgo frecuentes;
  • consumo de sustancias;
  • fugas de casa;
  • autolesiones;
  • cambios muy marcados de ánimo o conducta;
  • problemas graves y persistentes en el colegio;
  • aislamiento intenso;
  • o un deterioro importante de la convivencia familiar.

En estos casos es importante evaluar qué está ocurriendo en lugar de asumir que todo es simplemente “rebeldía”.

Para orientación general también puedes consultar al Dr. Manuel. Esta orientación no reemplaza una valoración médica o psicológica ni debe retrasar la atención cuando existe riesgo.

Fuentes

  • Van Petegem S, Soenens B, Vansteenkiste M, Beyers W. Rebels With a Cause? Adolescent Defiance From the Perspective of Reactance Theory and Self-Determination Theory. Child Development.
  • Chein J, Albert D, O’Brien L, Uckert K, Steinberg L. Peers Increase Adolescent Risk Taking by Enhancing Activity in the Brain’s Reward Circuitry. Developmental Science.
  • McLaughlin KA et al. Emotion Dysregulation as a Mechanism Linking Stress Exposure to Adolescent Aggressive Behavior. Journal of Abnormal Child Psychology.
  • Smith AR, Chein J, Steinberg L. Peers Increase Adolescent Risk Taking Even When the Probabilities of Negative Outcomes Are Known.

Crédito editorial

Este artículo fue inspirado por una reflexión del educador y coach de adolescentes Daniel Wong sobre posibles motivos detrás de conductas que suelen describirse como “rebeldía”. Mi Manual del Bebé desarrolló y amplió el contenido con literatura científica sobre autonomía, influencia de pares, estrés y regulación emocional.

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