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Qué hacer cuando la crianza se pone difícil: guía práctica para padres

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Qué hacer cuando la crianza se pone difícil: guía práctica para padres

Hay momentos en los que la teoría sobre crianza parece desaparecer por completo: tu hijo hace una pataleta en público, se niega a guardar sus juguetes, pelea con su hermano, no quiere apagar la pantalla o responde de una manera que te hace perder la paciencia.

En esas situaciones, los padres no siempre necesitan una explicación extensa. Necesitan saber qué evitar, qué hacer y qué palabras utilizar.

La disciplina positiva no significa permitirlo todo ni criar sin límites. Consiste en enseñar comportamientos, establecer expectativas claras y corregir con firmeza, respeto y sin violencia. El objetivo no es conseguir obediencia inmediata a cualquier precio, sino ayudar al niño a desarrollar autocontrol, responsabilidad y habilidades para resolver problemas.

Esta guía reúne estrategias sencillas para algunos de los desafíos más frecuentes de la crianza.

Antes de reaccionar: una regla para casi todas las situaciones

Antes de corregir a tu hijo, intenta seguir estos pasos:

  1. Detente unos segundos.
  2. Regula tu tono de voz.
  3. Describe lo que está sucediendo sin insultar ni etiquetar.
  4. Establece un límite claro.
  5. Explica qué puede hacer en su lugar.

No siempre podrás hacerlo con absoluta calma. Ningún padre reacciona perfectamente todo el tiempo. Lo importante es evitar que el enojo del adulto aumente todavía más el conflicto.

En lugar de decir:  “¡Siempre haces lo mismo! ¡Eres insoportable!”.

Puedes decir:  “Veo que estás muy molesto, pero no voy a permitir que golpees. Voy a ayudarte a detenerte”.

Corregir el comportamiento sin atacar la identidad del niño permite enseñarle sin avergonzarlo.

1. Cuando tu hijo hace una pataleta

Las pataletas son frecuentes durante los primeros años porque los niños todavía están aprendiendo a expresar lo que sienten, tolerar la frustración y controlar sus impulsos. También pueden aparecer con mayor facilidad cuando tienen hambre, sueño, cansancio o han recibido demasiados estímulos.

Evita

  • Gritarle para que deje de llorar.
  • Darle inmediatamente lo que pide para terminar la pataleta.
  • Amenazarlo con abandonarlo.
  • Intentar darle una explicación larga mientras está desbordado.
  • Burlarte de su llanto o avergonzarlo frente a otras personas.

Haz esto

Mantén la seguridad y reduce los estímulos. Si intenta golpear, patear o lanzar objetos, detén la acción con calma.

Utiliza pocas palabras:  “Estás muy enojado. No puedo dejar que golpees”.

Permanece cerca, siempre que tu presencia no aumente su malestar. Algunas veces el niño aceptará un abrazo; otras necesitará unos minutos de espacio seguro.

Cuando esté más tranquilo, ayúdalo a nombrar lo sucedido:  “Querías seguir jugando y te molestó tener que irnos”.

Después, mantén el límite: “Entiendo que querías quedarte, pero ya era momento de salir”.

Responder con calma, reconocer la emoción y sostener el límite ayuda al niño a aprender que sus sentimientos son aceptables, aunque no todas sus conductas lo sean.

2. Cuando no quiere cooperar

Muchas veces los niños no ignoran una instrucción porque quieran desafiar al adulto. Es posible que estén concentrados en otra actividad, no hayan comprendido lo que deben hacer o la indicación sea demasiado amplia.

“Compórtate”, “organiza todo” o “sé bueno” pueden resultar poco claros.

Evita

  • Dar varias instrucciones al mismo tiempo.
  • Gritar la orden desde otra habitación.
  • Repetirla diez veces antes de actuar.
  • Formular como pregunta algo que no es opcional: “¿Quieres bañarte?”.
  • Dar instrucciones vagas.

Haz esto

Acércate, busca su atención y da una instrucción breve y concreta:  “Guarda los bloques dentro de la caja”.

En lugar de:  “Organiza todo este desorden de una vez”.

Divide las tareas grandes en pasos pequeños. Cuando termine, reconoce específicamente lo que hizo:  “Guardaste todos los bloques aunque querías seguir jugando. Gracias por cooperar”.

Las instrucciones sencillas, las rutinas previsibles y la atención positiva ayudan a los niños pequeños a comprender mejor lo que se espera de ellos.

3. Cuando desafía un límite

Probar los límites forma parte del desarrollo. Los niños necesitan comprobar si las reglas se mantienen, especialmente cuando están cansados, frustrados o quieren tener mayor autonomía.

Evita

  • Entrar en una discusión interminable.
  • Cambiar la regla por cansancio después de haber dicho que no.
  • Amenazar con castigos que no cumplirás.
  • Utilizar consecuencias desproporcionadas.
  • Considerar cualquier desacuerdo como una falta de respeto.

Haz esto

Expresa el límite con pocas palabras y ofrece alternativas aceptables:

  • “No puedes dibujar en la pared. Puedes dibujar en estas hojas o en el tablero”.
  • “Puedes ponerte el pijama azul o el verde. Dormir sin pijama no es una opción”.

Las elecciones limitadas permiten que el niño sienta cierta autonomía sin que el adulto abandone el límite.

Cuando sea necesario aplicar una consecuencia, procura que esté relacionada con la conducta. Si lanzó un juguete después de varias advertencias, el juguete puede guardarse por un tiempo. No es necesario cancelar todas las actividades de la semana.

Una frase útil

“Puedes estar en desacuerdo conmigo, pero la regla se mantiene”.

4. Cuando golpea, muerde o empuja

La agresividad puede aparecer cuando un niño pequeño no tiene todavía palabras suficientes para expresar enojo, frustración, miedo o cansancio. Sin embargo, comprender la emoción no significa permitir la agresión.

Evita

  • Golpearlo para enseñarle que no debe golpear.
  • Obligar inmediatamente a pedir perdón cuando todavía está alterado.
  • Llamarlo “malo”, “agresivo” o “problemático”.
  • Centrar toda la atención en un interrogatorio extenso.

Haz esto

Detén la conducta inmediatamente:  “No voy a dejar que golpees”.

Separa a los niños si es necesario y atiende primero a quien fue lastimado.

Cuando tu hijo esté tranquilo, enséñale una alternativa:  “Puedes decir ‘estoy enojado’, pedir ayuda o alejarte. No puedes pegar”.

Después puede reparar la situación con una acción adecuada para su edad: ayudar a recoger algo que lanzó, traer una compresa fría o preguntar cómo se siente el otro niño.

Una vida familiar estable, supervisión cercana y límites firmes y afectuosos son elementos importantes para prevenir y manejar la agresividad infantil.

5. Cuando los hermanos pelean

Los conflictos entre hermanos son normales. Compartir espacio, objetos y atención puede generar competencia, celos y frustración.

El objetivo no es impedir cualquier desacuerdo, sino enseñarles a resolverlo sin lastimarse.

Evita

  • Compararlos: “Tu hermana sí sabe compartir”.
  • Buscar inmediatamente un culpable sin escuchar.
  • Obligar siempre al mayor a ceder.
  • Exigir que compartan todos sus objetos.
  • Intervenir en cada desacuerdo pequeño.

Haz esto

Si existe agresión, separa y establece el límite:  “Pueden estar enojados, pero no pueden lastimarse”.

Cuando estén tranquilos, escucha brevemente a cada uno sin convertir la conversación en un juicio.

Ayúdalos a encontrar una solución:  “Los dos quieren el mismo juguete. ¿Qué podemos hacer? ¿Usar un temporizador, jugar juntos o buscar otro juguete mientras esperan?”.

No siempre encontrarán la solución solos, especialmente cuando son pequeños. El adulto puede proponer alternativas y enseñarles a tomar turnos.

Una frase útil

“No necesito decidir quién es el malo. Necesitamos encontrar una forma segura de resolverlo”.

6. Cuando no quiere cumplir con sus responsabilidades

Las responsabilidades deben ser adecuadas para la edad. Un niño pequeño puede guardar algunos juguetes; uno mayor puede organizar su mochila, tender su cama o colaborar con tareas sencillas del hogar.

Evita

  • Darle una lista demasiado larga.
  • Esperar que recuerde todo sin apoyo.
  • Hacer la tarea por él cada vez que protesta.
  • Utilizar las labores domésticas únicamente como castigo.
  • Criticar constantemente cómo las realiza.

Haz esto

Explica con claridad qué debe hacer y cuándo:  “Después de cenar, llevas tu plato a la cocina”.

Introduce una responsabilidad a la vez y utiliza recordatorios visibles cuando sea necesario.

Reconoce el esfuerzo, no solo el resultado:  “Hoy no tuve que recordarte que organizaras la mochila. Eso demuestra responsabilidad”.

Las tareas claras, introducidas gradualmente y acompañadas de reconocimiento, pueden ayudar a desarrollar autonomía y sentido de colaboración.

7. Cuando no quiere apagar la pantalla

Terminar un videojuego o apagar un dispositivo puede ser difícil, especialmente cuando el contenido está diseñado para mantener la atención mediante recompensas, reproducción automática y notificaciones.

Evita

  • Avisar únicamente cuando el tiempo ya terminó.
  • Quitar el dispositivo de forma repentina, salvo que exista un riesgo.
  • Utilizar siempre las pantallas para detener el aburrimiento o el llanto.
  • Establecer reglas que los adultos no respetan.
  • Discutir sobre el límite en medio de cada uso.

Haz esto

Define las reglas antes de entregar el dispositivo:  “Puedes jugar durante 30 minutos. Te avisaré cuando falten cinco”.

Utiliza temporizadores y acuerden qué ocurrirá cuando termine el tiempo.

Anticipa la actividad siguiente:  “Cuando suene la alarma, guardamos la tableta y preparamos la merienda”.

Crea momentos y lugares sin dispositivos, como las comidas, las tareas escolares y el tiempo previo a dormir. La Academia Americana de Pediatría también recomienda desactivar funciones como la reproducción automática y las notificaciones cuando sea posible, además de establecer un plan familiar para el uso de medios.

Durante una protesta, reconoce la frustración sin cambiar automáticamente la regla:  “Sé que querías seguir jugando. Es difícil parar cuando algo te gusta. El tiempo terminó y mañana podrás volver a jugar”.

8. Cuando rechaza la comida

La selectividad alimentaria es común en la infancia. Presionar, perseguir al niño con la cuchara o convertir cada comida en una batalla puede aumentar el rechazo.

Evita

  • Obligar a terminar el plato.
  • Utilizar el postre como premio por comer.
  • Preparar inmediatamente un menú completamente distinto.
  • Amenazar, castigar o avergonzar.
  • Exigir que pruebe grandes porciones de un alimento nuevo.

Haz esto

Mantén horarios relativamente estables para comidas y refrigerios. Ofrece una variedad de alimentos e incluye al menos uno que el niño normalmente acepte.

El adulto decide qué alimentos se ofrecen, cuándo y dónde. El niño puede decidir cuáles de esos alimentos probar y qué cantidad comer, respetando siempre las indicaciones de su pediatra cuando existan problemas de crecimiento o salud.

Sirve porciones pequeñas y vuelve a ofrecer los alimentos rechazados en otras ocasiones, sin presión. Algunos niños necesitan múltiples exposiciones antes de aceptar un sabor o una textura nueva.

Una frase útil

“No tienes que comerlo, pero puede quedarse en tu plato para que lo conozcas”.

9. Cuando tiene miedo o ansiedad

La ansiedad no siempre se presenta como miedo evidente. Algunos niños se muestran irritables, tienen dificultades para dormir, se quejan con frecuencia de dolor de cabeza o de estómago o evitan determinadas situaciones.

Evita

  • Decirle que su miedo es absurdo.
  • Asegurarle que “no pasa nada” sin escucharlo.
  • Resolver siempre cualquier situación para que nunca experimente incomodidad.
  • Obligarlo bruscamente a enfrentar aquello que teme.
  • Interrogarlo constantemente.

Haz esto

Escucha y valida:  “Parece que esto te preocupa mucho. Cuéntame qué imaginas que podría pasar”.

Ayúdalo a distinguir entre una emoción y un peligro real:  “Sentir miedo no significa necesariamente que estés en peligro”.

Dividan el desafío en pasos pequeños. Si teme entrar al colegio, por ejemplo, pueden preparar la mochila juntos, visitar previamente el lugar o establecer un ritual de despedida breve y predecible.

Las rutinas consistentes pueden generar seguridad, especialmente durante separaciones o cambios.

10. Cuando un adolescente responde mal o se cierra

Durante la adolescencia aumenta la necesidad de independencia, privacidad y participación en las decisiones. Esto no elimina la necesidad de límites, pero sí requiere cambiar la manera de comunicarlos.

Evita

  • Dar un sermón inmediatamente.
  • Revisar sus pertenencias o conversaciones sin una razón de seguridad.
  • Ridiculizar sus opiniones.
  • Compararlo con otros adolescentes.
  • Intentar resolver el conflicto cuando ambos están muy alterados.

Haz esto

Busca un momento más tranquilo y comienza desde la curiosidad:  “Quiero entender qué ocurrió, no solamente castigarte”.

Separa el desacuerdo de la falta de respeto:  “Puedes estar molesto y decirme que no estás de acuerdo. No puedes insultarme”.

Permite que participe en la construcción de algunas reglas, especialmente sobre horarios, responsabilidades y tecnología. Los límites establecidos conjuntamente suelen ser más claros y permiten hablar también de las consecuencias de no cumplirlos.

Una frase útil

“Voy a escucharte hasta el final y después necesito que tú también me escuches”.

Después del conflicto: reparar también enseña

Los adultos también se equivocan. Si gritaste, dijiste algo hiriente o reaccionaste de manera desproporcionada, puedes reparar la situación.

Pedir perdón no elimina tu autoridad. Al contrario, enseña responsabilidad.

Puedes decir:  “Te grité y no estuvo bien. Estaba muy enojado, pero podía expresarlo de otra manera. Lo siento. El límite que te puse sigue siendo importante y podemos hablar de él con calma”.

La reparación no significa ignorar lo ocurrido. Significa retomar el problema sin humillación ni miedo.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Los desacuerdos, las pataletas, algunos miedos y los momentos de desafío forman parte del desarrollo. Sin embargo, conviene consultar con el pediatra o con un profesional de salud mental infantil cuando el comportamiento:

  • Es muy intenso o no corresponde a la edad del niño.
  • Persiste durante varias semanas o empeora progresivamente.
  • Interfiere con la vida familiar, escolar, social o con el juego.
  • Produce agresiones frecuentes o pone en riesgo al niño o a otras personas.
  • Aparece como un cambio repentino y sostenido.
  • Se acompaña de aislamiento, tristeza persistente, miedo intenso, dificultades importantes para dormir o pérdida de interés en actividades habituales.
  • Genera en los padres la sensación de que ya no pueden manejar la situación de forma segura.

Los problemas emocionales o de comportamiento merecen atención cuando son graves, persistentes o afectan el funcionamiento cotidiano. Buscar ayuda temprana puede mejorar las dificultades en casa, en el colegio y en las relaciones del niño.

Recuerda

La crianza no consiste en aplicar una frase perfecta que haga desaparecer inmediatamente todos los conflictos.

Los niños necesitan límites, pero también necesitan adultos que los ayuden a comprender sus emociones, reparar sus errores y practicar nuevas formas de actuar.

En los momentos difíciles, intenta recordar esta secuencia:  Conecta, calma, establece el límite, enseña una alternativa y repara cuando sea necesario.

No resolverá todas las situaciones de inmediato, pero convertirá muchos conflictos cotidianos en oportunidades de aprendizaje.

Para mas tips de como conecgar con tus hijos, preguntale al Dr Manuel 

Fuentes consultadas: American Academy of Pediatrics, Centers for Disease Control and Prevention y UNICEF.

Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación ni las recomendaciones del pediatra o de un profesional de salud mental.

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