La crianza no es poner a los hijos primero (y por qué esto también es amor)
Criar hijos es una de las tareas más importantes —y más exigentes— de la vida. Por eso, detenernos a revisar nuestras prioridades no es un lujo: es una necesidad.
El educador y especialista en crianza Marko Juhant propone un ejercicio tan simple como revelador: tomar papel y lápiz y escribir nuestras prioridades del 1 al 5.
Muchas familias suelen anotar algo parecido a esto:
- Criar y apoyar a mis hijos
- Trabajo
- Tiempo para la pareja
- La casa
- Familia extendida
Y aquí aparece el primer gran problema.
¿Dónde estás tú?
En muchas listas no aparece el autocuidado. No está el descanso, ni el tiempo personal, ni el espacio para recuperar energía.
Y sin embargo, la lógica es clara: como en un avión, primero va tu propia mascarilla de oxígeno. Un adulto agotado, estresado o al límite no puede acompañar bien a nadie más.
Cuidarte no es egoísmo, es una condición básica para una crianza sana, presente y consciente.
La pareja no es un “extra”
Otro punto clave: el tiempo en pareja suele quedar demasiado abajo en la lista. Y no hablamos de viajes, lujos o grandes planes. Hablamos de lo esencial: tiempo, atención y afecto cotidiano.
Antes de los hijos, hubo una pareja. Y cuando los hijos crezcan, esa pareja seguirá ahí. Cuidar el vínculo de pareja no compite con la crianza:
la sostiene. Y además, es una de las formas más potentes de enseñar a los hijos cómo se construyen relaciones sanas.
Cuando todo gira en torno a los hijos
Juhant advierte algo importante: las familias que se organizan únicamente en función de los niños —ajustando todo a sus deseos, tiempos y urgencias— no funcionan bien a largo plazo.
En una familia equilibrada:
- los adultos son el eje,
- los hijos giran alrededor,
- y aprenden a adaptarse a la vida real.
Esto no significa descuidarlos, sino darles estructura.
Por ejemplo: si los padres tienen un plan y el niño olvidó una tarea escolar, no siempre corresponde cancelar todo para “rescatarlo”.
Acompañar también puede ser decir:
“Ahora no podemos ayudarte, pero confiamos en que encontrarás una solución”.
Ese mensaje transmite algo fundamental: confianza, responsabilidad y autonomía.
Las consecuencias naturales también educan
Cuando los niños enfrentan las consecuencias naturales de sus decisiones:
- aprenden más rápido,
- desarrollan criterio,
- y fortalecen su autoestima.
No es castigo. Es aprendizaje.
Una pregunta sencilla puede marcar la diferencia: “¿Qué vas a hacer ahora?”
Esa pregunta invita a pensar, a intentar, a hacerse cargo. Incluso si el resultado no es perfecto, el aprendizaje ya ocurrió.
No es que los hijos no sean importantes
Es que la crianza es lo primero
Existe una gran diferencia entre decir: “mis hijos son lo primero” y “la crianza es lo primero”.
Cuando los hijos son lo primero:
- la familia vive apagando incendios,
- cumpliendo deseos,
- evitando cualquier incomodidad.
Cuando la crianza es lo primero:
- se invierte tiempo en enseñar,
- en poner límites claros,
- en modelar responsabilidad, cooperación y autonomía.
Criar no es cumplir deseos. Criar es satisfacer necesidades reales: sentirse seguros, amados, acompañados, desafiados y parte de una familia.
¿Y la casa?
La casa importa, sí. Pero no necesita ser perfecta.
Un hogar funcional —donde se pueda vivir, vestirse, cocinar y descansar— es suficiente. Especialmente durante los primeros años de crianza.
Si dudas entre:
- ordenar un poco más
o - leer un cuento antes de dormir
la respuesta es clara: el vínculo siempre va primero.
Revisar nuestras prioridades no es una crítica, es una invitación. A criar con menos culpa y más claridad.
Porque cuidarte, cuidar tu relación de pareja y poner la crianza por delante de los deseos no te aleja de tus hijos. Te convierte en el adulto estable, disponible y presente que ellos realmente necesitan.
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