Las redes sociales nos permiten estar conectados permanentemente, pero ¿realmente nos ayudan a sentirnos acompañados? En una conversación de la Fundación Santa Fe de Bogotá, especialistas reflexionan sobre cómo la tecnología está transformando nuestras relaciones, nuestra salud mental y la manera en que los niños interactúan con el mundo.
Vivimos en una época en la que podemos comunicarnos con alguien al otro lado del planeta en cuestión de segundos, compartir cada momento de nuestra vida y conocer lo que hacen nuestros amigos casi en tiempo real. Sin embargo, estar permanentemente conectados no significa necesariamente sentirnos acompañados.
Esta es una de las reflexiones centrales de “La paradoja de la soledad en la era de la hiperconectividad”, una conversación de la Fundación Santa Fe de Bogotá en la que se explora cómo las interacciones digitales influyen en nuestras relaciones personales, la percepción de soledad y el bienestar emocional.
Estar solos no es lo mismo que sentirse solos
Durante la conversación, los participantes plantean una diferencia importante entre la soledad elegida y aquella que genera malestar.
Disfrutar de un momento a solas, leer, descansar o dedicar tiempo a nuestras actividades personales puede ser una experiencia positiva. En cambio, sentirse solo, incluso cuando estamos rodeados de personas, puede generar tristeza e insatisfacción.
También se aborda la diferencia entre la sensación de soledad y el aislamiento social. Aunque pueden relacionarse, no significan lo mismo.
Desde la perspectiva de la salud mental, los participantes destacan que la percepción de soledad puede estar vinculada con síntomas de ansiedad y depresión.
¿Estamos viviendo los momentos o simplemente compartiéndolos?
Una de las situaciones que se mencionan en el podcast es cada vez más frecuente: asistir a un concierto, salir a comer o reunirse con amigos y pasar buena parte del tiempo tomando fotografías, grabando videos o revisando el celular.
El problema no es necesariamente registrar esos momentos, sino lo que puede suceder cuando nuestra atención se concentra más en compartirlos que en disfrutarlos.
Durante la conversación se explican dos enfoques relacionados con las interacciones digitales:
- Desplazamiento social: ocurre cuando el tiempo dedicado a las actividades virtuales reemplaza oportunidades de interacción presencial.
- Compensación social: se analiza cómo algunas personas buscan en las interacciones digitales una forma de conexión o reconocimiento que puede compensar necesidades sociales insatisfechas.
Los participantes también reflexionan sobre la importancia que pueden adquirir los comentarios, las visualizaciones y los likes, hasta el punto de influir en cómo valoramos nuestras experiencias.
La pregunta que surge es sencilla, pero profunda: ¿qué tanto estamos presentes cuando compartimos tiempo con las personas que queremos?
Los niños y las pantallas: la importancia de experimentar el mundo real
Uno de los temas más relevantes para las familias es la manera en que los niños están creciendo rodeados de dispositivos digitales.
Durante el podcast se reflexiona sobre cómo las experiencias cotidianas contribuyen al desarrollo infantil. Los participantes utilizan un ejemplo: no es lo mismo dibujar sobre una pantalla que hacerlo con lápices, colores o crayolas.
Al dibujar sobre papel, los niños experimentan diferentes texturas, aprenden a regular la presión de sus manos, desarrollan habilidades motoras y descubren que equivocarse también forma parte del aprendizaje. La conversación destaca que el contacto con materiales, el juego, el movimiento y las interacciones con otras personas ofrecen experiencias importantes para su desarrollo.
Más allá de prohibir las pantallas, se plantea la importancia de explicarles a los niños por qué necesitan otras actividades y ofrecerles alternativas que despierten su curiosidad.
FOMO: el miedo a perderse algo
Otro concepto abordado en el podcast es el FOMO, expresión que proviene del inglés Fear of Missing Out y que significa miedo a perderse algo.
Este sentimiento aparece, por ejemplo, cuando vemos fotografías de una reunión a la que no asistimos o descubrimos que nuestros amigos están compartiendo una experiencia sin nosotros.
Durante la conversación, uno de los especialistas explica que detrás de este temor puede encontrarse una necesidad humana fundamental: sentir que pertenecemos a un grupo y que somos importantes para otras personas.
Desde esta perspectiva, el FOMO invita a reflexionar sobre la calidad de nuestros vínculos y la seguridad que sentimos en nuestras relaciones.
También se plantea una pregunta interesante: ¿participamos en determinadas actividades porque realmente las disfrutamos o porque tenemos miedo de quedar excluidos?
¿Cuándo el uso del celular comienza a generar malestar?
El podcast también aborda la dependencia digital y las dificultades que algunas personas experimentan para desconectarse.
Uno de los especialistas señala que vale la pena prestar atención cuando el uso del celular deja de responder únicamente al deseo de entretenimiento y comienza a sentirse como una necesidad para aliviar el malestar.
Durante la conversación se mencionan comportamientos como la irritabilidad intensa, las rabietas y la dificultad para tolerar la ausencia del dispositivo.
Estas señales pueden motivar una reflexión sobre la relación que estamos construyendo con la tecnología. Sin embargo, por sí solas no permiten establecer un diagnóstico de dependencia o adicción digital.
En el caso de los niños y adolescentes, es importante observar cómo el uso de pantallas influye en sus actividades, relaciones y bienestar cotidiano.
¿Cómo recuperar el equilibrio entre la vida digital y la vida real?
Los participantes coinciden en que la tecnología forma parte de nuestra realidad y que el objetivo no necesariamente es eliminarla, sino encontrar un equilibrio que nos permita disfrutar también de nuestras relaciones y experiencias fuera de las pantallas.
Entre las estrategias que comparten durante el podcast se encuentran:
- Identificar cuánto tiempo pasamos conectados. Reconocer cuáles aplicaciones consumen más tiempo y preguntarnos qué estamos buscando cuando las utilizamos.
- Establecer límites conscientes. Utilizar las herramientas que permiten controlar el tiempo dedicado a determinadas aplicaciones.
- Recuperar actividades que disfrutamos. Leer, hacer ejercicio, dibujar, montar bicicleta o participar en actividades que nos permitan explorar otros intereses.
- Dar espacio a las relaciones presenciales. Dejar el celular a un lado durante algunas reuniones y conversaciones para prestar mayor atención a quienes nos acompañan.
- Experimentar momentos de desconexión. Algunos participantes comparten sus experiencias al cerrar temporalmente sus redes sociales o eliminar aplicaciones del teléfono.
- Buscar alternativas para los niños. Ofrecer oportunidades de juego, exploración, creatividad y movimiento que no dependan exclusivamente de dispositivos digitales.
Estas propuestas no buscan generar culpa por utilizar la tecnología, sino ayudarnos a construir hábitos más conscientes.
Conectarnos más allá de las pantallas
La conversación deja una reflexión especialmente importante para las familias: las conexiones humanas no se construyen únicamente a través de mensajes, fotografías o interacciones digitales.
Compartir tiempo, conversar, jugar, escuchar y estar presentes también forma parte de la manera en que desarrollamos y fortalecemos nuestros vínculos.
En un mundo donde las pantallas están presentes en tantos momentos de nuestra vida, encontrar espacios para las experiencias compartidas puede ayudarnos a recuperar algo esencial: la posibilidad de estar verdaderamente presentes con quienes nos rodean.
Contenido elaborado a partir del podcast “La paradoja de la soledad en la era de la hiperconectividad”, de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Las reflexiones y recomendaciones presentadas corresponden a los temas abordados por los participantes durante la conversación.
Calificación!
Promedio de puntuación / 5. Recuento de votos:






