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Relación entre hermanos: cómo evitar que las peleas los alejen

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Cuando los hermanos dejan de pelear y empiezan a ignorarse: cómo cuidar su vínculo

“¡Ojalá no fuera mi hermano!” .  Escuchar una frase así puede partirle el corazón a cualquier mamá o papá.

Quizás todo empezó años atrás con discusiones por un juguete, quién se sentaba adelante en el carro, quién entraba primero al baño o quién había recibido el pedazo más grande de torta.  Pero, a medida que crecen, las peleas pueden cambiar.

Ya no siempre hay gritos. A veces aparece algo que preocupa incluso más a los padres: la distancia.  Un hermano se encierra en su habitación. El otro deja de buscarlo. Cada uno hace su vida dentro de la misma casa y apenas se hablan.

Entonces aparece una pregunta difícil:

“¿Mis hijos se van a querer cuando sean adultos?”

La buena noticia es que una etapa de conflictos no determina cómo será su relación para siempre. Las relaciones entre hermanos evolucionan a medida que los niños y adolescentes maduran y atraviesan distintas etapas de la vida. De hecho, investigaciones longitudinales muestran que la intimidad entre hermanos puede disminuir durante ciertos años de la adolescencia y volver a aumentar posteriormente.

Pero eso tampoco significa que los padres deban ignorar todo lo que ocurre.  El objetivo no es conseguir que los hermanos nunca peleen.

Es ayudarlos a aprender algo mucho más importante: cómo convivir, expresar sus diferencias, reparar el daño y reconstruir la conexión después de un conflicto.

Pelear entre hermanos no significa que tengan una mala relación

Las discusiones entre hermanos son comunes.  Compartir padres, espacios, objetos, atención y reglas significa que inevitablemente habrá diferencias.

Además, dentro de esa relación los niños practican habilidades que necesitarán fuera de casa: negociar, defender sus necesidades, compartir, esperar, manejar la frustración y solucionar desacuerdos.

La American Academy of Pediatrics señala incluso que ciertos niveles de rivalidad pueden formar parte del desarrollo normal y ofrecer oportunidades para aprender a dar y recibir, compartir y defender los propios derechos.

Por eso, escuchar:  “¡Eso es mío!” o  “¡Mamá, dile que se vaya!” o  “¡Siempre me molesta!”

no significa automáticamente que exista un problema profundo entre ellos. Lo importante es observar cómo se desarrolla el conflicto y, especialmente, qué ocurre después.  Si en tu casa las discusiones parecen constantes, debes analizr las motivaciones de ¿Por qué pelean tanto los hermanos ?

Más importante que evitar la pelea es aprender a reparar

En muchas familias existe una expectativa imposible:  “Quiero que mis hijos se lleven bien siempre”.

Pero incluso las relaciones saludables tienen desacuerdos.  Una habilidad mucho más útil es aprender a reparar.

Después de una discusión, un niño puede aprender progresivamente a decir:

  • “Me enojé porque tomaste mis cosas sin preguntarme”.
  • “Eso que te dije estuvo mal”.
  • “La próxima vez pregúntame primero”.
  • “¿Cómo lo podemos solucionar?”

Estas pequeñas conversaciones enseñan algo que será importante durante toda la vida: un conflicto no necesariamente significa el final de una relación.

Los padres pueden ayudar enseñando a sus hijos a expresar lo que necesitan, escuchar al otro y buscar soluciones, en lugar de limitarse a decidir quién tiene la culpa. La American Psychological Association destaca precisamente que los padres pueden enseñar habilidades para manejar los conflictos entre hermanos de manera más constructiva.

¿Qué pasa cuando dejan de pelear… pero también dejan de conectarse?

Durante la adolescencia es normal que los hermanos busquen mayor independencia.

Sus amigos, actividades, intereses y horarios pueden ser completamente diferentes.

Por eso, pasar menos tiempo juntos no significa necesariamente que exista un deterioro de la relación.

Sin embargo, conviene prestar atención cuando la distancia viene acompañada de patrones como:

  • desprecio o descalificación constante;
  • rechazo permanente hacia el hermano;
  • resentimientos que nunca logran resolverse;
  • burlas repetidas destinadas a herir;
  • exclusión intencional dentro de la familia;
  • miedo o tensión persistente cuando están juntos;
  • ausencia total de momentos positivos durante largos periodos.

La investigación sobre las relaciones entre hermanos muestra que tanto la calidez como el conflicto dentro de estas relaciones están vinculados con distintos aspectos del desarrollo social y emocional.

Esto no significa que un hermano tenga que convertirse en el mejor amigo del otro.

El objetivo tampoco debería ser obligarlos a ser inseparables.

Cada relación entre hermanos es diferente.  Lo que sí podemos fomentar es una relación basada en respeto, seguridad y la posibilidad de reconectarse.

7 maneras de ayudar a cuidar el vínculo entre hermanos

1. No conviertas cada pelea en un juicio

Cuando los padres intervienen siempre para determinar quién tuvo la culpa, los niños pueden terminar concentrándose más en demostrar que el otro fue “el malo” que en solucionar el problema.

En conflictos cotidianos y seguros, puedes ayudarlos con preguntas como:

  • “¿Qué pasó?”
  • “¿Qué necesitabas tú?”
  • “¿Qué necesitaba tu hermano?”
  • “¿Qué podrían hacer diferente ahora?”

Poco a poco, el objetivo es que desarrollen herramientas para resolver desacuerdos sin necesitar un árbitro permanentemente.

También puedes conocer otras estrategias para favorecer una buena relación entre hermanos desde pequeños.

2. Evita las comparaciones

  • “Tu hermana nunca me contesta así”.
  • “Mira cómo tu hermano sí terminó la tarea”.
  • “Deberías ser más organizado como él”.

Aunque parezcan comentarios pequeños, pueden convertir la relación entre hermanos en una competencia por aprobación.

Cada hijo necesita sentir que ocupa su propio lugar dentro de la familia.

3. No obligues a pedir perdón inmediatamente

Un “perdón” dicho mientras un niño todavía está furioso probablemente no repare demasiado.

Primero puede ser necesario calmarse.  Después podemos ayudarlos a comprender qué ocurrió, reconocer cómo afectó al otro y pensar qué pueden hacer para repararlo.  La reparación vale mucho más que pronunciar automáticamente una palabra.

4. Crea oportunidades para cooperar

La relación entre hermanos no se construye únicamente hablando sobre sus conflictos.

También se construye acumulando experiencias positivas.

  • Preparar juntos una comida.
  • Armar algo.
  • Elegir la película familiar.
  • Jugar.
  • Resolver una misión en equipo.
  • Cuidar una mascota.
  • Hacer una sorpresa para alguien.

No tienen que pasar horas juntos. A veces, pequeños momentos repetidos de cooperación ayudan a cambiar la dinámica.

5. Protege también su espacio individual

Para tener una buena relación no necesitan compartirlo todo.  Los niños también necesitan pertenencias, amistades, intereses y momentos propios.  Respetar cierta privacidad puede disminuir muchas fuentes innecesarias de conflicto.

6. Habla sobre lo ocurrido cuando todos estén tranquilos

El peor momento para enseñar resolución de conflictos suele ser cuando ambos están gritando.

Cuando la situación se calme puedes volver al tema:

  • “Lo de esta mañana fue difícil. ¿Qué crees que pasó?”
  • “¿Qué podríamos hacer la próxima vez?”

Estas conversaciones permiten transformar una pelea en aprendizaje.

7. No les pongas la responsabilidad de convertirse en “mejores amigos”

A veces los padres imaginamos que nuestros hijos serán inseparables toda la vida.  Pero los hermanos tienen personalidades diferentes y pueden atravesar etapas de mayor o menor cercanía.

Una relación saludable no necesariamente significa hablar todos los días ni compartir los mismos amigos.  Puede significar algo mucho más sencillo y valioso:  saber respetarse, poder confiar el uno en el otro y sentir que existe una puerta abierta para volver a acercarse.

La adolescencia no escribe el final de la historia

Este punto es especialmente importante.  Si hoy tus hijos adolescentes parecen vivir en mundos completamente distintos, no asumas que así será para siempre.

Los estudios que han seguido relaciones entre hermanos durante años muestran que estas relaciones pueden transformarse considerablemente desde la infancia hasta la adultez. La cercanía puede disminuir durante determinadas etapas y aumentar posteriormente.

Salir de casa, estudiar, empezar a trabajar, formar pareja o convertirse en padres también puede cambiar la manera como los hermanos se relacionan.

Por eso, en lugar de preguntarnos:  “¿Cómo hago para que mis hijos nunca peleen?”

quizás sea más útil preguntarnos:  “¿Qué herramientas quiero que aprendan para cuidar sus relaciones cuando inevitablemente aparezcan los conflictos?”

¿Cuándo deberíamos buscar ayuda?

No todos los conflictos entre hermanos deben manejarse únicamente en casa.

Es recomendable consultar con un profesional cuando existe agresión repetida, amenazas, miedo persistente, humillación constante, una diferencia de poder importante entre los hermanos o cuando el conflicto está afectando significativamente el bienestar emocional o la vida cotidiana de alguno de ellos.

También vale la pena pedir orientación cuando la familia ha intentado diferentes estrategias y siente que la situación está fuera de control.

Buscar apoyo no significa que los hermanos tengan una relación “rota”.  Puede significar simplemente que necesitan nuevas herramientas para comunicarse y relacionarse de otra manera.

No necesitas criar hermanos que nunca peleen

Probablemente eso sería imposible.

Puedes aspirar a algo mucho más importante.

Criar niños que aprendan que pueden estar furiosos con alguien sin destruir la relación.  Que pueden decir lo que necesitan sin humillar.  Que pueden poner límites.  Que pueden reparar cuando se equivocan.  Que pueden tener diferencias enormes y seguir tratándose con respeto.

Porque quizás el mejor regalo que podemos darles no sea garantizar que serán mejores amigos cuando tengan 40 años.

Eso no podemos controlarlo.  Pero sí podemos ayudarlos hoy a construir las habilidades que aumenten las posibilidades de que, cuando sean adultos y miren hacia atrás, encuentren en su hermano o hermana no solamente a alguien con quien compartieron una casa, sino a alguien con quien todavía vale la pena mantener un vínculo.

Para mas informacion de como apoyar a tus hijos , preguntale al Dr Manuel 

Fuentes consultadas

  • American Academy of Pediatrics. Información sobre rivalidad y discusiones entre hermanos.
  • American Psychological Association. Improving sibling relationships.
  • McHale, S. M. y colaboradores. Investigación sobre cambios en intimidad y conflicto entre hermanos desde la infancia hasta la adultez.
  • McHale, S. M., Updegraff, K. A. & Whiteman, S. D. Revisión sobre relaciones entre hermanos durante infancia y adolescencia.
  • Gilligan, M. y colaboradores. Estudio longitudinal sobre calidad de la relación entre hermanos desde adolescencia hasta adultez.

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