Inspirados por amor, guiados por el conocimiento

Asesores Expertos
+ 0
Padres
+ 0 Mil
Acompañando a las familias
+ 0 años

Tu embarazo semana a semana, regístrate aquí

Inspirados por amor, guiados por el conocimiento

Asesores Expertos
⭐+ 0
Padres
⭐+ 0 Mil
Acompañando a las familias
⭐+ 0 años

Qué es la ansiedad en niños y cómo ayudarlos a regularla

()

La ansiedad en niños: cuando la alarma interna se activa demasiado

La ansiedad no siempre es algo malo. De hecho, todos necesitamos sentir ansiedad en ciertos momentos. Es una señal del cuerpo que nos ayuda a estar atentos, protegernos y reaccionar frente a posibles peligros.

Si un niño escucha un perro ladrando muy cerca y no sabe si está suelto, es esperable que su corazón lata más rápido, que se ponga alerta y que busque alejarse. En ese caso, la ansiedad cumple una función importante: le avisa que debe tener cuidado.

El problema aparece cuando esa alarma interna se activa con demasiada frecuencia, con demasiada intensidad o en situaciones que no representan un peligro real. Es como una alarma de incendio que suena cada vez que hay un poquito de humo, aunque no haya fuego.

En los niños, esa alarma puede encenderse antes de ir al colegio, al dormir solos, al separarse de sus padres, al hablar frente a otros, al conocer personas nuevas, al presentar un examen o al intentar algo que les da miedo.

Y aunque desde afuera los adultos puedan pensar “no pasa nada”, para el niño la sensación sí es real.

La ansiedad es una alarma, no un enemigo

Cuando un niño siente ansiedad, su cuerpo puede reaccionar como si estuviera frente a una amenaza. Puede respirar más rápido, sentir el corazón acelerado, sudar, tener dolor de barriga, dolor de cabeza, náuseas, tensión o ganas de llorar.

Estos síntomas pueden asustarlo, especialmente si no entiende qué le está pasando.

Por eso, una de las primeras cosas que podemos enseñarle es que la ansiedad es como una alarma. No está ahí para hacerle daño. Está tratando de protegerlo. Pero a veces se equivoca y se activa cuando no hay un peligro real.

Podemos decirle:

  • “Tu cuerpo está tratando de cuidarte, pero parece que la alarma está sonando muy fuerte”.
  • “Sentir ansiedad no significa que algo malo vaya a pasar”.
  • “Vamos a ayudarle a tu cuerpo a darse cuenta de que estás seguro”.

Esta forma de explicarlo ayuda a que el niño no sienta que hay algo “malo” en él. No se trata de pelear contra la ansiedad, sino de aprender a entenderla y regularla.

No queremos quitar la alarma, queremos ajustarla

Muchos padres quisieran que sus hijos nunca sintieran miedo, preocupación o nervios. Es natural. Ver sufrir a un hijo duele.

Pero el objetivo no es eliminar por completo la ansiedad. Un niño que nunca siente ansiedad tampoco tendría señales internas para cuidarse, prepararse o pedir ayuda.  Lo que buscamos es que la ansiedad tenga el volumen adecuado.

Que se active cuando realmente hay una situación que requiere atención, pero que no paralice al niño frente a experiencias normales de la vida: ir al colegio, dormir, jugar con otros, equivocarse, intentar algo nuevo o separarse por un rato de sus padres.

Los niños necesitan aprender que pueden sentir nervios y, aun así, avanzar. Pueden tener miedo y, aun así, intentar. Pueden sentirse inseguros y, aun así, descubrir que son capaces.

Evitar todo lo que da miedo puede aumentar la ansiedad

Cuando un niño está ansioso, muchos padres intentan protegerlo quitándole de encima aquello que le preocupa. Si no quiere ir a una actividad, la cancelan. Si no quiere dormir solo, lo acompañan toda la noche. Si no quiere hablar con alguien, hablan por él. Si teme equivocarse, evitan que se exponga.

A corto plazo, esto puede traer alivio. El niño se calma y la familia siente que evitó una crisis.

Pero si la evitación se vuelve la respuesta principal, el niño puede empezar a creer que no puede enfrentar esas situaciones. Su mundo se va haciendo más pequeño, y su confianza también.

Acompañar no significa empujarlo de golpe ni obligarlo a enfrentar algo para lo que no está listo. Significa ayudarlo a dar pasos pequeños, seguros y progresivos.

  • La pregunta no es: “¿Cómo hago para que no sienta miedo?”.
  • La pregunta puede ser: “¿Cuál es el siguiente paso pequeño que sí puede intentar con mi apoyo?”.

Los pequeños retos construyen confianza

La infancia está llena de situaciones que implican un poco de riesgo emocional: dormir en otra casa, hablar en clase, hacer una presentación, conocer nuevos amigos, presentar un examen, intentar un deporte, participar en una obra o separarse de mamá o papá por unas horas.

Todas estas experiencias pueden generar nervios. Pero también son oportunidades para que el niño aprenda algo muy importante: “Puedo atravesar momentos difíciles”.

Cada vez que un niño enfrenta un reto con apoyo adecuado, su confianza crece.

No porque todo salga perfecto, sino porque descubre que puede intentarlo, tolerar la incomodidad y seguir adelante.

Por ejemplo:

  • Si le cuesta saludar, puede empezar con una mirada o un gesto.
    Si le da miedo dormir solo, puede comenzar con una rutina predecible y acompañamiento gradual.
    Si le preocupa hablar frente a otros, puede practicar primero en casa.
    Si teme ir al colegio, puede anticipar la rutina y pensar en una estrategia para los momentos difíciles.

Los avances pequeños también cuentan.

Cómo ayudar a un niño cuando su alarma se activa

Cuando el niño está muy ansioso, lo primero no es darle un discurso ni pedirle que razone. En ese momento, su cuerpo está en alerta y puede resultarle difícil escuchar, pensar o tomar decisiones.

Primero necesita calmarse.

Podemos ayudarlo con frases sencillas:

  • “Estoy contigo”.
    “Respiremos juntos”.
    “Vamos paso a paso”.
    “Tu cuerpo está asustado, pero estás seguro”.
    “No tienes que hacerlo perfecto, solo intentarlo poco a poco”.

También podemos enseñarle estrategias simples:

  • Respirar lentamente.
    Relajar los hombros y las manos.
    Tomar agua.
    Contar objetos a su alrededor.
    Abrazar un peluche.
    Nombrar lo que siente.
    Hacer una pausa antes de actuar.
    Recordar una frase de calma.

Después, cuando esté más tranquilo, podemos hablar sobre lo que pasó:

  • “¿Qué sentiste en tu cuerpo?”.
    “¿Qué pensaste que iba a pasar?”.
    “¿Qué te ayudó un poquito?”.
    “¿Qué podríamos intentar la próxima vez?”.

Así el niño empieza a conocer su ansiedad y a construir herramientas para manejarla.

Acompañar con calma, no con miedo

Los niños aprenden mucho de la reacción de los adultos. Si un padre se angustia mucho cada vez que el niño siente ansiedad, el niño puede interpretar que realmente hay algo muy peligroso.

En cambio, cuando el adulto se mantiene tranquilo, firme y disponible, transmite seguridad. Esto no significa ignorar lo que el niño siente. Significa acompañarlo sin aumentar la alarma.

Podemos validar su emoción y, al mismo tiempo, recordarle que puede enfrentarla:

  • “Entiendo que te dé miedo. Estoy aquí contigo”.
    “Sé que esto se siente difícil, pero vamos a hacerlo paso a paso”.
    “No voy a hacer todo por ti, pero tampoco te voy a dejar solo”.

Ese equilibrio entre contención y confianza es clave.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

La ansiedad puede hacer parte del desarrollo normal de los niños, pero es importante buscar orientación profesional cuando empieza a interferir con su vida diaria.

Por ejemplo, si evita constantemente ir al colegio, no logra dormir, presenta dolores físicos frecuentes, se aísla, deja de disfrutar actividades que antes le gustaban, tiene miedos muy intensos o la familia siente que ya no sabe cómo acompañarlo.

Consultar con un pediatra, psicólogo infantil o psiquiatra infantil puede ayudar a entender qué está pasando y qué herramientas necesita el niño.

Pedir ayuda no significa que los padres hayan fallado. Significa que el niño necesita más apoyo para aprender a regular su alarma interna.

Aprender a vivir con ansiedad

La meta no es que los niños nunca sientan ansiedad. La meta es que aprendan a reconocerla, calmarla y no dejar que decida por ellos.

Un niño que entiende su ansiedad puede empezar a decir:

  • “Estoy nervioso, pero puedo intentarlo”.
    “Mi cuerpo está en alerta, pero puedo respirar”.
    “Esto me da miedo, pero no tengo que hacerlo solo”.
    “Puedo dar un paso pequeño”.

Esa es una habilidad que le servirá toda la vida.

Porque crecer no significa vivir sin miedo. Significa aprender, poco a poco, que el miedo puede acompañarnos sin detenernos.

para mas informacion en como acompñañar a tu hijo, preguntale al Dr Manuel 

Crédito editorial: Inspirado en reflexiones del coach de crianza y autor Marko Juhant sobre ansiedad infantil, inteligencia emocional y acompañamiento familiar.

Calificación!

Promedio de puntuación / 5. Recuento de votos:

Artículos Relacionados

Deja una respuesta

Dr Manuel
Dr Manuel

Conectando con Dr Manuel...

Tu cita al instante

¡Contáctanos!

Confirmación

¡Listo! Ya puedes comenzar a publicar tus contenidos en la página, compártelos siempre en tus demás blogs o redes sociales. ¡Mucha suerte!

Confirmación

“Ve a tu correo electrónico y confirma tu email”

Confirmación

¡Felicidades! Ya eres parte de la comunidad de Mi manual del bebé. Si deseas realizar publicaciones en la página entonces deberás completar los datos de tu perfil. 

 

¿Qué tipo de usuario eres?